Susú

Estaba sola, sentada en el sofá, en el living de su casa. Esa casa inmensa, que había quedado vacía.

Susú tenía entre sus manos un portarretratos con una foto de la familia completa.

Estaba Juan, su amor de toda la vida, que había fallecido cuando tenían solo 35 años. Después de quince juntos, de compartir todo, absolutamente todo y de tener cuatro hijos hermosos. Luca de diez, Gonzalo de seis, y Kiara y Ana, las mellizas, de dos.

Susú dedicó su vida entera a que esos niños que ellos tanto amaban sean felices, para que vivan y disfruten la vida que tenían por delante, tratando de recordar solo lo felices que habían sido con su papá. Que no sintieran ese vacío tan profundo que sentía ella.

Al principio, creyó que no iba a poder. Pero se rindió ante esos cuatro pares de manitos. que la acariciaban y abrazaban todo el tiempo.

Y solo tuvo amor. Amor para sus cuatro hijos, para nadie más. Y para Juan que no estaba físicamente con ella, pero sí en sus pensamientos y en su corazón.

Pasaron los años, muchos años. Veinte en total. La vida se le pasó viviendo para su trabajo y sus hijos. A su modo, fue feliz. Sin embargo, nunca pudo seguir adelante, su corazón se quedó estancado en ese fatídico 13 de febrero en que le dijeron que Juan, no volvería nunca más.

Había necesitado tanto a Juan en cada momento importante de la vida de sus hijos. Cumpleaños, actos escolares, egresos, los varones se habían recibido, se habían casado y ya tenía tres nietos. Dos varones y una nena que eran la luz de sus días. Kiara se había recibido y fue a vivir al exterior y Anita se había ido a vivir sola hacía un par de meses. Le había costado tomar la decisión de dejar sola a su mamá, pero Susú la había incentivado para que vaya y viva su propia vida. Lo que menos quería era truncar la vida de alguno de sus hijos a causa de su propia soledad.

 

Ahí estaba. sentada en el mismo sofá de siempre. Mirando el portarretratos de la familia completa. Sus hijos tan chiquitos, tan sonrientes, tan felices. Juan, perdido entre ocho bracitos y ella contemplando el momento, enamorada, llena de luz, viva.

Desvió la mirada y encontró el portarretratos donde estaba con Iam, su primer nieto. Vio ese nene tan sonriente, que la hizo tan feliz siempre y se vio ella, con una sonrisa tan inmensa como inmensa era la tristeza que había en sus ojos.

Se preguntó si sus hijos sabían, si se habían dado cuenta de que el día en que murió su papá, también ella se había muerto.Hizo hasta lo imposible para que ellos sean felices y se desvivió por aparentar que ella también lo era. Y lo fue, porque los hijos te producen una felicidad que atraviesa cualquier barrera, pero esa felicidad no fue completa.

 

Faltaban dos días para que se cumplieran veinte años de la muerte de Juan. Y ella estaba ahí sentada en su casa, con 55 años, perfumada, bien vestida como siempre, portando esos ojos tristes, pidiéndole perdón a quién se había ido hacía mucho tiempo y que seguramente estaría feliz de que ella vuelva a sonreír de verdad.

Susú estaba vestida tan elegante, porque ese día iba a tener su primera cita formal con Pedro, un compañero de yoga con el que se llevaba muy bien y con el que tenía muchas cosas en común.

Después de veinte años y con 55 encima, se iba permitir por primera vez que su corazón lata por alguien más. Se iba a dar una oportunidad de que alguien más la quiera y de querer.

Sentía culpa en el corazón pero era consciente de que le iba a hacer bien a ella y también a sus chicos. Quería volver a ver una foto con su mirada llena de luz. Aunque tenía 55 años quería con todas sus fuerzas volver a verse y volver a sentirse viva, completamente.

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Madre al Fin.

Juana y Daniel llevaban diez años de casados. Eran muy felices juntos, pero habían pasado un período de crisis antes de aceptar que no podrían ser padres.

Intentaron tener un hijo durante ocho años. El primero de ellos, sabían que era normal que se haga esperar un poco. Culminado ese primer año, empezaron a realizarse estudios y pronto se volvieron expertos en fertilidad.

Se pasearon por un montón de médicos. Estuvieron en institutos públicos y privados. Visitaron especialistas recomendados y otros que encontraron en internet leyendo acerca del tema que tanto les interesaba.

Iniciaron tratamientos para que Juana pudiera quedar embarazada. Sin embargo, todos fracasaron. Lo último que habían intentado era la fertilización asistida. Lo hablaron mucho, juntaron el dinero que necesitaban y lo llevaron a cabo. Fue un proceso largo y doloroso, física y mentalmente. Le implantaron a Juana cinco embriones, pero lamentablemente ninguno fue viable.

La tristeza fue tan grande y la sensación de pérdida tan inmensa que Juana creyó que no volvería a levantarse. Esa había sido su última esperanza. No tenían más dinero, no había más fuerzas, sin embargo, la aceptación no llegaba.

Ellos ya estaban inscritos en la lista de espera para la adopción de un bebé. No obstante, sabían que incluso ese bebé, podía no llegar dados los problemas que habían con la ley de adopción en su país.

Un día, Juana se levantó y no quiso saber más nada con buscar hijos. Le dijo a su marido que daría la baja en la lista de adopción. No estaba dispuesta a seguir sufriendo por algo que evidentemente no era para ellos.

Daniel, que también estaba cansado de la situación, muy dolido y frustrado, había pensado muchas veces en abandonar todo, pero jamás se atrevió a decirlo en voz alta para no lastimar a su esposa. Por lo tanto, estuvo de acuerdo con ella, cuando le hizo esa propuesta.

Comenzaron entonces, el camino inverso. Archivaron todos los estudios, teléfonos de especialistas, borraron de las computadoras todos los archivos sobre fertilidad, adopción y cualquier cosa que se refiriera al tema. Tiraron todo tipo de medicación que había quedado en su casa. Dejaron de seguir a cualquier página o especialista referido al tema, en todas las redes sociales.

Juana también empezó el camino inverso en terapia. Pasó del por qué a mí? Por qué hay tanta gente que quiere tener hijos y no puede y otros que no quieren los tienen? Por qué Dios? Por qué tanta injusticia? al por qué quiero tanto tener un hijo? Realmente es el objetivo principal de mi vida? Por qué gasto tantas energías, tiempo y salud en algo que ya sé que no es para mí?

Luego de un tiempo de hacer el duelo por los hijos que no vendrían, vino la aceptación. Se permitió volver a la vida, dejar la tristeza, la frustración, el dolor. Aceptó que no iba a ser madre de un bebé, porque comprendió que esa no es la única manera de serlo. Y puso todo ese amor, esa entrega, esa energía y alegría en un trabajo que había rechazado antes por estar enfocada en los bebés.

Tenía que viajar un par de veces al mes y gracias a que Daniel podía trabajar desde su computadora, la acompañaba en todos los viajes y disfrutaban de estar juntos. Se encontraron un día trabajando en una ONG ayudando en un pueblo un poco alejado de su ciudad.

Tiempo después, descubrieron que los adolescentes que terminaban el secundario no podían seguir estudiando y muchos quedaban con sus caminos truncos por la imposibilidad de ir a la ciudad a la universidad. De repente, se encontraron un domingo preparando el almuerzo para siete adolescentes que vivían con ellos.

Empezaron hospedando a tres, luego fueron siete, más tarde once. Cuando ya no había lugar para un alfiler más en su casa, alquilaron una más grande.Con ayuda de familiares y amigos, alimentaban a esos chicos, los hospedaban, y les daban el tiempo y el espacio para que sigan una carrera. Les daban amor, los cuidaban si se enfermaban, intervenían si se peleaban, los aconsejaban, los acompañaban y protegían.

Juana y Daniel, por fin se habían convertido en padres.

Ese mes de octubre, hubo un gran festejo en la casa. Los jóvenes, chicos y chicas que tenían entre dieciocho y veintidós años, prepararon un gran asado y una torta, para festejar el día de la madre, porque aunque ellos tenían a sus mamás en su pueblo, Juana, era su mamá adoptiva durante todo el año.

Hoy, que en Argentina celebramos el día de la madre, quiero mandarles un beso enorme y un GRACIAS inmenso a todas las madres. A la mía, a la tuya, a vos, a tu hermana, a tu suegra, a tu cuñada, a esa gran amiga, a las tías, a las abuelas… a las que están en la dulce espera sintiendo las pataditas en su interior y a las que esperan con el corazón, a las que soñaron cada parte de ese ser que tanto aman y que su sueño, no importa de qué forma, se hizo realidad. A las que hoy podemos darles un beso, a las que esperan nuestro llamado porque están lejos, a las que están en el cielo y a las que tienen su tesoro en el cielo. A todas, absolutamente a todas… FELIZ DÍA MAMÁS!!!!!

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Adiós, Maestro!

“Nos sentamos a hacer un espectáculo y tratamos de que nos salga lo más lindo posible. Convengamos que no es un humor trillado, es un humor inteligente, por decirlo de alguna manera. Lo que nos interesa es que la gente se muera de risa y sonrisa”, decía en una entrevista el cómico, Daniel Rabinovich, integrante del grupo Les Luthiers.

Un personaje que se convirtió en el payaso del grupo, con sus picardías y dulzura. Te hace reír y te da ternura mientras lo admirás profundamente. Ser parte de Les Luthiers no es lo único que hizo, pero sí lo más grande.

Les Luthiers, formado desde 1967 por Marcos Mundstock, Carlos López Puccio, Jorge Marona, Carlos Núñez Cortéz y Daniel Rabinovich, es un grupo que hace humor a partir de la música, con instrumentos musicales creados por ellos mismos con elementos cotidianos (además de guitarras, pianos, violines, etc.). De allí su nombre, que en francés significa, “creador de instrumentos musicales”.

El viernes, 21 de agosto, estaba en mi trabajo cuando me llegó un mensaje de texto que decía, “No no no no no, no puede ser. Falleció Rabinovich”. Era de uno de mis hermanos.

En ese momento estaba ocupada y no podía responder ni entrar a internet a ver con mis propios ojos el comunicado oficial. Así que hasta que llegué a casa, fue como que no había pasado nada. Pero una vez en internet, viendo la cantidad enorme de tuits, publicaciones en Face y demás redes sociales, me di cuenta de que era verdad, Daniel se había ido y éramos muchos los que estábamos muy movilizados. Eso pasa cuando aquel que partió, hizo las cosas bien.

Como este es un post homenaje, no quiero aburrirlos y por primera vez, voy a compartir videos. Para que quede registrada también en este blog, la grandeza de Les Luthiers, pero por sobre todo, en el día de hoy un cariño especial, un adiós, sonrisas al cielo y aplausos de pie al inolvidable Daniel Rabinovich.

  Me fue imposible poner menos de cuatro, fue dificilísimo elegir entre tantas obras fantásticas. Elegí por esto, tres donde podemos apreciar la dulzura de Daniel y la última, para que quienes no conocen Les Luthiers, se aproximen un poquito a las maravillas que construyeron en cuanto a música e instrumentos musicales.

  Que disfruten estas obras, que son una reliquia.

  El legado que Daniel nos dejó es exquisito y por ello nadie, nunca, lo olvidará.

  Hasta siempre, maestro! Mi corazón está contento de haber sido contemporánea a un artista tan maravilloso!

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Luz.

Guillermina, una mujer de 30 años con una hija de 11 meses, divorciada en malos términos, necesitaba que alguien se quede dos días con Luz porque tenía que realizar trámites. Como no quería dejar a su hija con cualquier persona, le preguntó a su hermana Paula si le podía hacer el favor.

Paula, que no quería ser grosera con su hermana, le dijo que sí. Aunque no quería hacerlo, no porque no quisiera a su sobrina, la adoraba, sino que estaba pasando por un mal momento que no había compartido con nadie.

Fue el día acordado a quedarse con la pequeña Luz. Era a la mañana muy temprano, por lo tanto la nena aún dormía. Paula estaba muy nerviosa. Nunca había estado completamente sola con la beba, no sabía muy bien cómo manejarse.

A la hora habitual Luz se despertó. Cuando Paula fue a la habitación, la nena la recibió con una enorme sonrisa y ganas de jugar. Paula le cambió los pañales, le dio la mamadera y jugó con ella. A pesar del mal momento que estaba pasando Paula, su novio de toda la vida la había abandonado recientemente, se sintió en paz y contenta con su sobrina.

A mitad de mañana, la beba pidió estar en brazos. Cuando Paula la levantó, Luz se acurrucó en su hombro y minutos después se quedó dormida. Paula sintió esos bracitos rodeando su cuello, la respiración de Luz en su cuello, el sonido del chupete cuando se iba quedando profundamente dormida, ese cuerpito tan chiquito y que irradiaba tanto amor. El corazón le latía muy fuerte a Pau, esa mezcla de angustia y amor que sentía se hizo más intenso.

No quería dejar a esa personita en su cuna para que duerma tranquila, quería tenerla en brazos y que ese momento dure mucho tiempo. Sin embargo, pensó que era lo mejor hacer las cosas de modo que disfrutaran ambas. La acostó en la cama de su hermana y se recostó ella a su lado a observarla cómo dormía.

Pasado el tiempo de siesta, Luz abrió los ojitos. Vio a su tía a su lado y le sonrió. Le tocó con su pequeña manito la boca a Paula. Eso significaba que quería que le cante una canción. Como la tía no se sabía las canciones infantiles, empezó a tararear una de sus preferidas de Celine Dion.

Luz miraba a los ojos a su tía, tan profundamente, tan concentrada. Paula le acarició la manito. Luz levantó su manito y empezó a pasar sus deditos por la mano de su tía. Mientras seguía mirando a Paula a los ojos, la nena acariciaba la mano de su tía dulcemente.

Paula sintió una emoción tan grande. Nunca había tenido ese tipo de conexión con su sobrina. Ni siquiera sabía que un bebé se podía conectar de ese modo. No entendía cómo alguien tan chiquitito podía brindarte tanto, sin saber hablar, ni caminar, ni besar, solo con sus ojitos y sus manitos, daba todo el amor que salía de su corazón.

Ese fue el momento en que a Paula se le movió algo en lo profundo de su corazón. Y tomó la decisión más importante de su vida. Gonzalo la había abandonado porque no quería tener un hijo con ella. Se sintió tan mal por haber siquiera pensado en eso.

Luz le mostró el camino. Luz le dio luz a su corazón y a su mente. Luz le demostró por qué debía tener a ese bebé que llevaba en su vientre.

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Desde las Raíces.

Estuve mirando una entrevista a Florencia de la V, hecha por un gran periodista argentino, Matías Martin, para su programa, Línea de Tiempo.

Flor, es una cómica, actriz y vedette argentina. Lo que la diferencia de las demás es algo que importa solo a los fines del post. Ella es travesti. Está casada con un señor llamado Pablo y tienen mellizos, Paul e Isabella, de tres años.

Realmente fue una gran entrevista, que recorrió todo el trabajo que hizo Florencia a lo largo de su carrera y también habló de temas personales. Hay un par de cosas que dijo que me llegaron mucho y me hicieron pensar, “esto quiero”. Una de las cosas que quiero, es compartir esos pensamientos, a lo mejor a alguien más le llegan como a mí.

El atreverse. Algo tan trillado, simple y millones de veces hablado. Pero cómo cuesta dar el gran paso cuando nos toca a nosotros. A mí por ejemplo, algo que me cuesta muchísimo, que en un momento me llevó a tener ataques de pánico, son los exámenes. Horrores, los sufro siempre un montón, aunque los ataques de pánico ya no aparezcan tanto después de un largo tratamiento.

Flor cuenta en la entrevista que apareció vestida de mujer por primera vez frente a toda su familia cuando tenía diecisiete años, en el casamiento de su prima. Yo quedé impresionada. Le dije a mi hermano que veía conmigo la entrevista: “La valentía de esta mina no tiene nombre!!!”

Si quisiéramos comparar su atreverse con mi no atreverme, no se puede. Lo de ella es enorme, lo mío muy pequeño, pero hay algo que nos toca a las dos. El prejuicio ajeno. Ella por su apariencia física, yo, por ser tan grande y no haberme recibido.

Y ahí está la capacidad de salir a flote con lo que te toca, lo que te pasa, lo que sentís. Ella, es una artista con una carrera muy exitosa, supo salir adelante y plantarse donde correspondía. Yo, sigo estudiando, pero este atraso en la facultad me sirvió para darme cuenta que el camino que me impuse desde muy chiquita, no es el que quiero y seguramente si me hubiera recibido a tiempo, estaría siendo infeliz en ese lugar.

Florencia fue muy discriminada y seguramente lo va a seguir siendo por su condición y apariencia física. Yo, soy una obesa en recuperación, también fui muy discriminada desde chiquita por mi apariencia física. No sé cómo será ella fuera de la televisión ni cómo se habrá llevado con este tema tan doloroso a veces, que genera mucha impotencia otras.

A mí me costó mucho trabajo que no me afecte el tema de ser discriminada por mi obesidad. Acepté mi cuerpo como es y dejó de importarme lo que dijeran los demás recién cuando pasé los veinte años. Pero algunas marcas quedan, yo, una mujer de veintiocho años, me acepto. Sin embargo, la Taína de ocho, diez o quince años, que no entendía, no se aceptaba y no se sentía incluida a veces vuelve a llamar mi atención. Y pienso en la cantidad enorme de chiquitos que sufren hoy en día todo tipo de discriminación.

Por eso, hay algo que quiero compartir textual de esta entrevista. Dice así: “Me encanta que mis hijos se críen en esta familia. No solamente que me pregunten. Que se críen en una familia con semejante libertad y que sepan desde las raíces que la gente es lo que es por su corazón, por su esencia, y no por con quien se acueste o por lo que vistan o por lo que se pongan, entendés? De verdad yo me siento bendecida con ellos.”

  Ese es el mensaje que quiero dejar, como Flor. Eso es lo que quiero si algún día tengo hijos, que crezcan mirando el corazón de las personas, no el disfraz que le tocó en suerte a cada uno. Los prejuicios y la discriminación hacen sufrir a las víctimas, pero saben qué es lo peor, los que lo hacemos nos perdemos la posibilidad de conocer gente realmente maravillosa.

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Paulina.

Iba caminando por la calle cuando vi a una mujer con su hijita de alrededor de siete años mirar la vidriera de una juguetería.

Para mi sorpresa, la que miraba los juguetes era la madre. La nena miraba más allá. La mujer le dijo a su hija:

—Mirá Paulina, hay una nueva Barbie, esta es de playa. Vamos a pedirle plata a papá para comprarla.

Paulina, inmersa en otro lugar, no en los juguetes, no respondió nada. Me llamó mucho la atención que la nena no se interesara en la propuesta de la mamá. Entonces hice algo que no se debe, me paré a mirar la vidriera de al lado, pero no porque me interesara la ropa que había, quería saber qué respondería Paulina.

—Pauli? ¿Querés la Barbie de la playa? ¿O querés otra cosa?—preguntó la madre nuevamente.

—No necesito nada mamá—respondió Paulina, en modo automático, mirando más allá.

Me sorprendió la respuesta de la chiquita, pero había algo más que yo no lograba descifrar, su mamá menos, sin embargo, ella seguía ahí, muy concentrada, pensando en eso que era mucho más importante que las muñecas.

— ¿Qué respuesta es esa Paulina?

—Tengo muchas Barbies má. No necesito más. —Con la mirada fija en la vidriera continuó—: ¿Sabés que estaba pensando mami?

— ¿Qué mi amor? ¿Querés otra cosa?

—No… bueno, sí…—se dio vuelta para mirar a su mamá esta vez—, ¿podemos comprar una pelota, una muñeca y un sonajero?

— ¿Para qué querés todo eso?—preguntó la mamá sin entender.

— ¿Ves esa mamá que tiene tres hijitos allá?—apuntó la vidriera, pero la vidriera como espejo no como un lugar que muestra objetos.

— ¿Dónde? Ah, allá al frente. ¿Qué pasa con ellos?

—Compremos juguetes para ellos, porque yo ya tengo pero ellos parece que no tienen nada.

—A ver Paulina, no podemos comprar juguetes para cada chico que no tenga…

—Mmm… tengo una idea, entremos, preguntemos cuánto sale la Barbie de playa y pedimos tres juguetes por ese precio—, le dijo sonriente a la mamá, contenta por la gran idea que tuvo.

—No, no Paulina, esa plata la podemos gastar en vos solamente—le respondió la madre un poco nerviosa.

— ¿Y si le pregunto a papá?—insistió la nena.

—Ya te dije Pauli, no se puede ayudar a todo el mundo—exclamó la madre.

— ¿Y si en vez de juguetes les compramos otra cosa?

—Vamos a casa Paulina, después hablamos del tema.

La mujer tomó la mano de su hija y se alejaron caminando. Pero Paulina, miraba hacia atrás, a esa mamá con sus hijitos sentados en la vereda del frente de la juguetería, pidiendo limosna.

En un instante, esa enorme personita de siete años, soltó la mano de su mamá y corrió hacia donde estaba esa familia. Saludó a la señora y a los tres hijos, dos nenas y un nene muy chiquitos. Puso su mochila en el suelo, la abrió y sacó un paquete de galletitas, un cuaderno, los lápices de colores, crayones, una botellita de gaseosa que estaba casi llena y se los regaló.

Imaginen la sorpresa de esa mamá, estaba tan contenta que abrazó a ese angelito que llenó de alegría a sus hijos.

Yo, emocionada ante semejante situación, y con los ojos llenos de lágrimas, miré a la mamá de Paulina pensando en lo feliz que estaría. Sin embargo, me sorprendí mucho al ver a la mujer mirando su reloj, mordiéndose el labio inferior en señal de fastidio y llamando a su hija porque quería irse a casa.

Volví a mirar a Paulina y la familia. Y vi a esa nena con un corazón inmenso viviendo con una madre a la que le importaba muy poco la nobleza de su hijita.

Pensé en que me gustaría mucho que todo ese amor que tiene Paulina, esa hermosa personalidad y esas ganas de dar y ayudar a los demás no se vean opacados por un mundo en el que lo único que importa es el dinero.

Me gustaría más que en Paulina la luz y el amor se multipliquen a montones cada día para que irradie toda esa dulzura a los que se crucen en su camino.

Sería lindo, que esa mamá pueda abrir su corazón y disfrutar de la nena bellísima que le tocó como hija, que se dé cuenta a tiempo que Paulina es un ser de luz  y no trunque sus sueños.

Sería hermoso, que Paulina pudiera contagiar esa personalidad maravillosa a su mamá y como un efecto dominó, ambas iluminar a más personas donde quiera que vayan.

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Gracias Cris

Lloré desde el minuto uno. Por lo que sabía que iba a venir. Parecerá algo muy banal, pero un programa de 2 horas y media desestabilizó mi mundo. Movilizó cada fibra de mi cuerpo. Y lloré, desconsoladamente, cada segundo. Recordando. Dudando. Pensando.

El programa de televisión de Telefé, “Gracias por venir, Gracias por estar”, conducido por Gerardo Rozín y Julieta Prandi, homenajeó a CRIS MORENA.

Para quienes no la conocen, Cris es una actriz, compositora musical, conductora, directora y productora de televisión de muchísimos éxitos en Argentina. Algunos de ellos son “Jugate Conmigo”, “Chiquititas”, “Verano del 98”, “Casi Ángeles”, “Floricienta”, “Rebelde Way”, “Aliados” y muchos más.

Toda mi infancia estuve acompañada por los mundos creados por Cris. Hasta el día de hoy, me acuerdo de todas las letras, las coreografías, las sonrisas. Se me llena el corazón de alegría, puedo volver a ser niña, puedo ser feliz, puedo visualizar todos mis sueños y también todas las vidas que me hubieran gustado vivir.

Y mirando los tapes que pasaban en el programa, empecé a preguntarme por qué me emociona tanto todo esto. ¿Es sólo porque formó parte de mi infancia? ¿Hay algo más detrás de todo esto?

Entonces empezó a pasar toda mi vida como una película frente a mis ojos. Traté de visualizar aquellos momentos en los que fui más feliz. Y lloré aún más. Fui feliz actuando en todas las obras de teatro del colegio, bailando folklore, salsa, merengue, hip hop, todos los estilos. Era muy feliz cuando me quedaba sola en casa, corría todos los muebles y me armaba un super escenario. Me maquillaba, me envolvía en sábanas de diferentes colores o me ponía vestidos de mi mamá y hacía enormes shows. Cantaba, bailaba, actuaba por horas. Se me llena el alma de solo recordarlo. Pero todo eso, todo, siempre fue a escondidas. Me daba muchísima vergüenza que alguien pudiera verme.

Todo lo que me hace realmente feliz, lo descubrí cuando era chiquita, y a pesar de que vi mucho programas infantiles, fue Cris quien me llegó al corazón. En ese momento fue por sus canciones, sus coreos, las historias que contaba. Hoy, que soy una persona adulta, me sigue llegando al corazón, porque es un ser de luz, por su forma de hablar y porque compartimos algo muy especial, el amor inmenso por la niñez y la juventud. Ella dice: “En la infancia y en la juventud están las posibilidades de cambio, la pureza, la vida. Creo en la juventud.” Mi opinión personal sobre la niñez y la juventud, es que las personitas que forman parte de estas etapas de la vida son lo más bello que existe. Son pureza, inocencia, fragilidad. Desde mi lugar en el mundo de la medicina, creo firmemente que ellos son quienes más necesitan mi atención, mi protección y mi amor.

Las dudas empezaron a disiparse. El baile, el canto, la actuación, son parte de mi vida. De un mundo privado y maravilloso. Mientras, me dedico a ayudar a que los niños crezcan sanos, fuertes y felices.

Gracias a Cris mi infancia fue luminosa y feliz; pude conocer un mundo mágico, irreal pero lleno de aventuras y risas; un mundo que todos deberíamos conocer. Por eso emprendí un nuevo plan para mi vida. Volver a cantar, bailar y actuar en mis momentos íntimos, privados, para llenarme de luz con eso que tan feliz me hace, y luego, irradiar esa luminosidad a quienes me rodean. De ese modo podré fusionar el mundo real con el mágico, para estar más radiante, alegre y plena.

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