Caminando Juntos.

Amalia estaba sentada con una taza de té a su lado, tapada con una manta, hojeando su libro con una sonrisa inmensa.
Le había costado tanto escribir ese libro. Y que alguien le diga, “lo publicaremos”, fue la parte más difícil. Sin embargo, ahí estaba. Colorido, reluciente, con su nombre en la tapa. Tan lindo, tan ansiado, tan suyo.
De pronto, volvió en sí cuando Ramiro le dio un beso en el cuello y le preguntó:
-¿Qué tenés ganas de desayunar? Hoy soy tu esclavo, podés hacer conmigo lo que quieras-y le mordió suavemente el lóbulo de la oreja derecha.
Ella soltó una carcajada al tiempo que se daba vuelta para darle el beso de los buenos días.
La tarde anterior, había presentado su primera novela. Le había costado mucho que una editorial le prestara atención, pero como hacía muchos años tenía presencia en las redes sociales con sus cuentos de amor, lectoras, tenía muchas.
El día en que les dijo a “sus fans” que había escrito una novela, recibió miles de mensajes por todos lados. Cuando tuvo fecha de lanzamiento y la comunicó, la gente pidió a montones que hiciera una presentación con firma de libros. Y la editorial se lo concedió.
Armaron un stand muy bonito, cálido y femenino en una librería. Con la maqueta del libro en tamaño XL, flores, música de Passenger, (la canción que inspiraba cada día a Amalia cuando escribía era Let It Go), muchas sillas y un servicio de catering exquisito para sus chicas.
No alcanzó. Mucha gente quedó afuera. Pero ella tuvo la delicadeza de firmar todo lo que le presentaron, libros, cuadernos, remeras, gorras. Sabía que le debía a toda esa gente el poder estar ahí y el amor inmenso que recibía cada día.
Ramiro estuvo todo el tiempo a su lado. Durante el tiempo que le llevó escribir la novela; los dolores de cabeza y cada negativa de las editoriales; fue el primero que se enteró cuando le dijeron que sí y lloró con ella de felicidad. Cuando se preparó para enfrentarse a toda esa gente cara a cara, sin el escudo de la pantalla del celular o la computadora, la alentó, la contuvo, la ayudó a prepararse, a respirar y tranquilizarse.
Y cuando llegó el gran día, se sentó en la primera fila, la miró fijamente cuando ella salió a escena y le hizo saber que él estaba ahi. Cuando estuvo más distendida, y la presentación empezó a fluir, cada tanto lo miraba, y siempre lo encontraba con su amplia sonrisa, contemplándola como cuando miraba algo que le gustaba mucho y le inclinaba levemente la cabeza para decirle que todo iba muy bien. Por último, se quedó parado a su lado, como si fuera su guardaespaldas, durante las casi seis horas que duró la firma.
Después, la había llevó a cenar a un lugar donde estaban las dos familias esperándolos, para celebrar el día más importante en la vida de Amalia. Los dos, estaban muy felices y cansados, pero se quedaron horas escuchando las historias que sus seres queridos rescataron desde el lugar de los fans, donde se habían infiltrado.
Amalia nunca mostraba la cara de Ramiro, ni de sus padres, suegros o hermanos en las redes porque a ellos no les gustaba mucho el tema de aparecer ante tanta gente. Sin embargo, esa noche, si bien sabía que había mucha gente que la apoyó durante todo el proceso, el principal pilar de su vida, había sido Ramiro. Y por primera vez, sintió la necesidad de mostrarlo, de contarle al mundo que ella había encontrado a su príncipe azul. Que no sabía si le duraría toda la vida, pero había estado en el momento de más estrés, sufrimiento y felicidad de su vida, y eso no lo iba a borrar nadie, nunca de sus recuerdos.
Le dijo:
-Si sos mi esclavo, te ordeno que te saques una foto conmigo, así como estamos, recién levantados, y que me dejes publicarla en mis redes- y lo observó con una ceja levantada, esperando su reacción.
-¡Dios!-exclamó Ramiro mirando el techo-, qué iluso que soy, pensaba que me ibas a pedir que vaya a comprarte medialunas con dulce de leche con el frío que hace afuera.
-¡Por favor!-le suplicó ella con las manos entrelazadas.
-Está bien, pero solo una foto sacamos. Si salgo mal yo, se repite. Si salís mal vos, la publicás así…
Amalia rió a carcajadas y aceptó el trato. Salieron hermosos los dos, los ojos les brillaban de felicidad, la sonrisa les iluminaba la cara y ella completó el retrato con la descripción: “Mi principal sostén día a día. Quién me aguantó todos lo estados emocionales que se puedan imaginar desde que empecé el primer renglón de la novela. Él, las conoce a todas ustedes porque me escucha horas enteras leyéndole sus mensajes. No me va a alcanzar la vida para agradecerle tanto amor, pero sí espero que mi amor sea tan grande como el suyo y lo haga tan feliz como él me hace a mí”.

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Foto: Pinterest María José.

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