Un Beso al Cielo.

Melina se sentía triste y no sabía por qué. Como era sábado y no trabajaba, se quedó hasta tarde en la cama. Con la ventana y las cortinas cerradas. Inmóvil. Tapada hasta el cuello. Sintiendo su corazón, que por algo que no sabía qué era, latía tristemente.

Sintió deseos de llorar. Pero las lágrimas no cayeron. Sonó su celular, pero no le dio importancia. El frío del mes de julio atravesaba las paredes, acomodó bien las mantas y se puso en posición fetal.

Tiempo después, decidió agarrar el teléfono para ver la hora. Pero no la vio. Vio la fecha. 7 de julio. Hacían exactamente dos años, había muerto Federico. Su novio. Sí, ella aún se refería a él como su novio. Y pensó en voz alta, “no solo tenías que morirte, lo tenías que hacer el día de tu cumpleaños”.

“Aunque capaz sea mejor, así sufro de este modo una vez al año”, pensó después. Seguía triste, aunque cada día introducía más vida a su vida. Lo seguía extrañando, aunque cada vez necesitara más ayuda de audios para recordar nítidamente su voz. Seguía enojada. Con Dios,por habérselo llevado, y con Federico, por matarse en un accidente.

Y empezó a llorar cuando recordó el regalo sin abrir. A todos sus amigos y familiares esperando al cumpleañero que nunca llegó. Y se le volvió a cortar la respiración cuando recordó el llamado de Pedro, compañero de Fede, quebrado en llanto. Y se le volvió a destrozar el corazón al recordar todo lo que ocurrió después.

Y sintió la necesidad de desearle Feliz Cumpleaños al amor de su vida, pero se sintió una tonta. Ella era la primera que decía, “para qué le dicen Feliz Cumple a un muerto si ya no cumple más?”.

Era inmensa la necesidad de conectarse con Federico. Deseaba con todo su corazón abrazarlo, besarlo y decirle que lo que más quería en el mundo era que fuera feliz. Y pensó en la gran fiesta que hubieran organizado para celebrar los 40 años de Fede.

Quería hacer algo. Pero no sabía qué. Al cementerio solo fue el día del entierro. Fede no estaba ahí para ella. Estaba enojada con Dios y no pensaba pisar la iglesia. Se dio cuenta de que encerrada llorando, tampoco iba a encontrarlo.

El día estaba muy frío, pero había sol. Entonces supo, que a Fede siempre lo iba a encontrar en el cielo. Él era piloto de avión. Murió haciendo lo que más le gustaba en la vida. Su alma estaba ahí.

Llamó a Lucas, el mejor amigo de Fede, y le preguntó si podía hacer una reserva de última hora. Cuando estuvo todo organizado, llamó a Rosana y Enrique, “sus suegros”, y les preguntó si querían ir con ella a darle un beso a Fede.

Horas más tarde, estaban  los cuatro, sobrevolando los campos de su provincia. Allá donde estaba Fede. Tiraron un beso al cielo para desearle un Feliz Cumpleaños, a ese Fede que nunca más cumpliría años. Al Fede que tendría 38 años por siempre. Fueron lo más cerquita que pudieron a darle un beso a lo más hermoso que tenía ese hombre que los había dejado dos años antes, su alma.

Y estando ahí, en el aire, contemplando el mundo desde otra perspectiva, sintiendo la inmensidad de todo lo que la rodeaba y su pequeñez, su corazón latió con fuerzas porque supo que allí, siempre iba a encontrar a Fede. Y comprendió al fin, su pasión por vivir en las alturas.

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