Dos Caminos.

  Tomasa, una neurocirujana de 36 años, muy exitosa en su campo, estaba arreglándose en la habitación del hotel para el día más importante de su vida. En solo dos horas, iba a presentar un caso clínico de un paciente con un tumor cerebral. Ese paciente había sido diagnosticado hacía poco tiempo y ningún neurocirujano se había atrevido a echarle mano, por lo que el pobre hombre esperaba la lenta muerte que le habían pronosticado, mientras su esposa se empeñaba en seguir recorriendo médicos que pudieran ayudarlo.

  Por gracia de Dios,se habían cruzado con Tommy. Ella, en el auge de su profesión, llena de confianza y seguridad, con muchas ganas de estudiar y de intentar nuevos tratamientos, les había propuesto algo distinto. Una cirugía que aún nadie había llevado a cabo con éxito, pero que era la única posibilidad de retrasar un poco la muerte. Si todo salía bien, podría extirpar el tumor. Ella tenía esperanzas, aunque nadie lo había logrado, se pasaba días enteros creando caminos y estrategias diferentes. Plan A, B, C y quería tener un D por las dudas. Si todo salía mal, había probabilidad de que Pedro se muera en la mesa de operaciones, pero ella iba a hacer todo lo posible para que eso no pasara. Si veía que la cosa no iba bien, iba a cerrar y dejar todo como estaba.

 Lo habló con Pedro y su esposa. Les contó todo con detalles. Les explicó cada una de las situaciones a las que se enfrentaban y subrayó, que nadie había salido de ahí con un cien por ciento de éxito.

  Ellos aceptaron lo que se les ofrecía. Era lo mejor que tenían hasta ese momento. Y Pedro las consoló a las dos, como si Tomasa fuera su hija, diciéndoles, que no le tenía miedo a la muerte. Esa posibilidad incluso formaba parte de su día a día.

  Tomasa estuvo operando a Pedro durante veinte horas seguidas. Tuvo miedo los días previos, estuvo a punto de abandonar porque cuando se encontraba en el recorrido de los pasos que debía seguir,con una posibilidad de fallo, se preguntaba a sí misma, qué le hacía creer que si nadie lo había logrado, ella lo podía hacer?

  Sin embargo, tuvo mucho apoyo emocional, académico y laboral. Sus jefes, compañeros, alumnos, amigos y familiares estuvieron sosteniéndola todo el tiempo y gracias a todos ellos, a la confianza que le tuvieron Pedro y su familia y a la dedicación que ella misma le puso al caso, tuvo mucho éxito. No fue el cien por ciento, pero logró extirpar el 95 por ciento del tumor y Pedro no tuvo ninguna secuela. El cinco por ciento restante, esperaban atacarlo con rayos y quimioterapia. Era lo máximo que alguien había logrado y por eso estaba ahí,en el Congreso Internacional de Neurocirugía, para presentar su caso, contar paso por paso lo que había echo y para que cientos de neurocirujanos de todo el mundo pudieran felicitarla y aplaudirla porque había logrado llegar un paso más allá, en el camino de la ciencia.

  Cata, se conectó en sus redes sociales. Había vuelto a su casa muy cansada, se dio un baño relajante y se preparó algo para comer. Su esposo no llegaría hasta unas horas después, por lo tanto tenía un buen rato a solas.

  Como todos los días, lo primero que hacía era revisar sus redes sociales. Responder la mayor cantidad de mensajes  y comentarios que le dejaban sus fans, porque eso sí le gustaba manejar a ella, y después se ponía a escribir.

  A Cata le fascinaba la novela romántica, desde que era una adolescente y se pasaba la mayor parte de sus horas libres leyendo. Un día, cuando ya tenía más de veinte, se le ocurrió que todas las historias que ella tenía en su mente, también podían gustarles a otras personas como a ella le volvían loca las de sus escritoras favoritas.

  Así empezó, creó una cuenta en todas las redes sociales que le gustaban, las dejó bien bonitas, y también creó un blog. Allí, dio rienda suelta a su pluma y su imaginación.

  De repente se encontró con que a muchas personas les gustaba lo que escribía y que lo que siempre había temido (quedarse sin historias) no era posible, porque todas las situaciones, personas o conversaciones le inspiraban algo.

  Había personas que le pedían que escriba más sobre algunos personajes y así se dio cuenta de que podría escribir una novela. Así lo hizo, pero cuando llegó la hora de la publicación, no sabía qué tenía que hacer. Empezó por contratar a una amiga que era correctora literaria y a su esposa que era editora. Necesitaba ayuda legal, por lo tanto, sentó a  su entonces novio, que era abogado, a estudiar sobre el tema. Un amigo se encargó del diseño y así, tiempo después, con muchos dolores de cabeza, rechazos y noches turbulentas en el medio, su primer novela románica vio la luz. Y tuvo un éxito inesperado.

  Cata, gracias a su promoción por las redes sociales, se había echo conocida antes de la novela. Mucho antes. Entonces, cuando el libro por fin salió, tuvo más éxito del que ella esperaba. No solo en su país, también en otros de habla hispana.

  Pero había algo con lo que Cata no contaba, porque no esperó todo ese éxito en su vida. Cuando el libro salió, ella tenía que hacer la presentación y firmar libros, y le habían concertado entrevistas en algunos medios audiovisuales para que promocionara su libro y la gente, su gente, la conociera por fin. Y la editorial quería que también viajara a otros lugares a realizar firmas y promoción…

  Pero Cata no podía hacer eso… porque Cata no existía. Ella en la vida real, era Tomasa, la exitosa neurocirujana que todos los días de ocho a catorce trabajaba en un hospital.

  Nadie en la vida de Tomasa, sabía de la existencia de Cata. Excepto claro, quienes la ayudaron en la publicación de la novela. Nadie sabía que esa mujer imponente, tan cientificista, correcta, que solo pensaba en su trabajo y sus pacientes, cuando se quitaba el guardapolvo, se moría por las historias de amor.

  Esta mujer se encontraba en una encrucijada. Debía elegir un camino. Debía elegir la vida de Cata o de Tomasa. El problema era, que estaba enamorada de las dos.

  Dilemas.1

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