Madre al Fin.

Juana y Daniel llevaban diez años de casados. Eran muy felices juntos, pero habían pasado un período de crisis antes de aceptar que no podrían ser padres.

Intentaron tener un hijo durante ocho años. El primero de ellos, sabían que era normal que se haga esperar un poco. Culminado ese primer año, empezaron a realizarse estudios y pronto se volvieron expertos en fertilidad.

Se pasearon por un montón de médicos. Estuvieron en institutos públicos y privados. Visitaron especialistas recomendados y otros que encontraron en internet leyendo acerca del tema que tanto les interesaba.

Iniciaron tratamientos para que Juana pudiera quedar embarazada. Sin embargo, todos fracasaron. Lo último que habían intentado era la fertilización asistida. Lo hablaron mucho, juntaron el dinero que necesitaban y lo llevaron a cabo. Fue un proceso largo y doloroso, física y mentalmente. Le implantaron a Juana cinco embriones, pero lamentablemente ninguno fue viable.

La tristeza fue tan grande y la sensación de pérdida tan inmensa que Juana creyó que no volvería a levantarse. Esa había sido su última esperanza. No tenían más dinero, no había más fuerzas, sin embargo, la aceptación no llegaba.

Ellos ya estaban inscritos en la lista de espera para la adopción de un bebé. No obstante, sabían que incluso ese bebé, podía no llegar dados los problemas que habían con la ley de adopción en su país.

Un día, Juana se levantó y no quiso saber más nada con buscar hijos. Le dijo a su marido que daría la baja en la lista de adopción. No estaba dispuesta a seguir sufriendo por algo que evidentemente no era para ellos.

Daniel, que también estaba cansado de la situación, muy dolido y frustrado, había pensado muchas veces en abandonar todo, pero jamás se atrevió a decirlo en voz alta para no lastimar a su esposa. Por lo tanto, estuvo de acuerdo con ella, cuando le hizo esa propuesta.

Comenzaron entonces, el camino inverso. Archivaron todos los estudios, teléfonos de especialistas, borraron de las computadoras todos los archivos sobre fertilidad, adopción y cualquier cosa que se refiriera al tema. Tiraron todo tipo de medicación que había quedado en su casa. Dejaron de seguir a cualquier página o especialista referido al tema, en todas las redes sociales.

Juana también empezó el camino inverso en terapia. Pasó del por qué a mí? Por qué hay tanta gente que quiere tener hijos y no puede y otros que no quieren los tienen? Por qué Dios? Por qué tanta injusticia? al por qué quiero tanto tener un hijo? Realmente es el objetivo principal de mi vida? Por qué gasto tantas energías, tiempo y salud en algo que ya sé que no es para mí?

Luego de un tiempo de hacer el duelo por los hijos que no vendrían, vino la aceptación. Se permitió volver a la vida, dejar la tristeza, la frustración, el dolor. Aceptó que no iba a ser madre de un bebé, porque comprendió que esa no es la única manera de serlo. Y puso todo ese amor, esa entrega, esa energía y alegría en un trabajo que había rechazado antes por estar enfocada en los bebés.

Tenía que viajar un par de veces al mes y gracias a que Daniel podía trabajar desde su computadora, la acompañaba en todos los viajes y disfrutaban de estar juntos. Se encontraron un día trabajando en una ONG ayudando en un pueblo un poco alejado de su ciudad.

Tiempo después, descubrieron que los adolescentes que terminaban el secundario no podían seguir estudiando y muchos quedaban con sus caminos truncos por la imposibilidad de ir a la ciudad a la universidad. De repente, se encontraron un domingo preparando el almuerzo para siete adolescentes que vivían con ellos.

Empezaron hospedando a tres, luego fueron siete, más tarde once. Cuando ya no había lugar para un alfiler más en su casa, alquilaron una más grande.Con ayuda de familiares y amigos, alimentaban a esos chicos, los hospedaban, y les daban el tiempo y el espacio para que sigan una carrera. Les daban amor, los cuidaban si se enfermaban, intervenían si se peleaban, los aconsejaban, los acompañaban y protegían.

Juana y Daniel, por fin se habían convertido en padres.

Ese mes de octubre, hubo un gran festejo en la casa. Los jóvenes, chicos y chicas que tenían entre dieciocho y veintidós años, prepararon un gran asado y una torta, para festejar el día de la madre, porque aunque ellos tenían a sus mamás en su pueblo, Juana, era su mamá adoptiva durante todo el año.

Hoy, que en Argentina celebramos el día de la madre, quiero mandarles un beso enorme y un GRACIAS inmenso a todas las madres. A la mía, a la tuya, a vos, a tu hermana, a tu suegra, a tu cuñada, a esa gran amiga, a las tías, a las abuelas… a las que están en la dulce espera sintiendo las pataditas en su interior y a las que esperan con el corazón, a las que soñaron cada parte de ese ser que tanto aman y que su sueño, no importa de qué forma, se hizo realidad. A las que hoy podemos darles un beso, a las que esperan nuestro llamado porque están lejos, a las que están en el cielo y a las que tienen su tesoro en el cielo. A todas, absolutamente a todas… FELIZ DÍA MAMÁS!!!!!

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La Boda

Anoche, fui a la boda de una gran amiga. Cuando la vi entrar a la iglesia, del brazo de su papá, tan radiante, llena de luz, hermosa y tan feliz, se me llenaron los ojos de lágrimas. Yo sé, que ese, hasta el día de hoy, fue el momento más importante de su vida.

Pensaba ayer en un momento emotivo de la fiesta, en lo lindo que es celebrar el amor. Y también en lo infinito de ese sentimiento. Unir tu vida a otra persona para toda la vida es algo inmenso, yo no puedo imaginármelo.

Pueden pasar cosas en la vida y que esos caminos se separen, pero en el momento de decir, “Sí, quiero”, las personas solo piensan en lo lindo, en cuánto aman a esa otra persona, en llegar juntos a la vejez y jugar con los nietos de ambos,

Cuánto es el amor que se debe sentir para decidir unirte a otra persona hasta el fin de tus días?

Pienso, pienso y no llego a imaginarme unida a alguien para toda la vida. Con errores, aciertos, defectos, virtudes, momentos felices y tristes.

He ahí mi error, no se piensa. El amor se siente, se vive, se lo deja ser.

Nunca soñé con casarme vestida de blanco y hacer una gran fiesta… pero al ver, una vez más, el inmenso amor que F & M se tienen y cómo el primer sueño juntos se hizo realidad, empecé a soñar con que alguna vez yo también, pueda experimentar la dicha que sienten aquellos que aman para toda la vida.

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