Ser Papá.

Jesse abrazó a su papá. O Jerónimo abrazó a Jesse. No importa. Acababa de llegar al mundo Lautaro, hijo de Jesse, y su papá estaba ahí, como siempre. En este caso compartiendo el día más feliz de su vida.

Jerónimo, mientras esperaban el nacimiento, estaba sentado junto a su esposa, con sus manos entrelazadas. Recordó el día en que vio por primera vez a su hijo.

Era un soleado día de otoño. Jesse caminaba de la mano de su mamá, con su guardapolvo azul y rojo. Stephanie, hermosa como siempre, caminaba a la par de su hijo con una gran sonrisa y su pequeña hija Valery, de un año, en brazos.

Stephanie, una mujer afroamericana de 24 años, estudiaba psicología y trabajaba en un colegio. Nació en Estados Unidos y vivió allí hasta sus dieciséis años, momento en el cual sus padres decidieron mudarse al sur del continente. Así lo hicieron ellos dos junto a Stephanie y Jackson, sus dos hijos.

A Jerónimo le gustaba mucho esa mujer de piel tan oscura como el chocolate puro, ojos grandes color café y cabello rizado, que conoció en su nuevo trabajo. Hacía tiempo que quería invitarla a cenar pero no sabía nada de su vida privada. Ese día, cuando la vio con dos niñitos, se desilusionó un poco. Supo desde el primer momento que eran sus hijos. Sin embargo, juntó coraje, y se acercó a saludar. Se presentó a Jesse y le acarició la manito a Valery, fue el primer contacto de un amor que duraría para toda la vida.

Stephanie, había sido mamá de Jesse a los veinte años. Javier, su novio de ese momento y que había estado con ella durante tres años, desapareció la misma noche en que ella le contó que estaba embarazada.Ella vivió esos nueve meses acompañada por su familia y amigos, pero a Javier nunca más lo volvió a ver.

Cuando el pequeño Jesse tenía dos años, Stephie se enamoró del hermano de su mejor amiga. Y Carlos de ella y su pequeño hijo. Se casaron y tiempo después supieron que esperaban un bebé, lo que les faltaba para coronar su amor. Todo era felicidad en esa época para Stephanie, sin embargo, la vida no le dio tregua y se llevó a Carlos prematuramente. Un mes antes de que nazca la pequeña Valery.

Stephanie quedó destruida. Vivió como un robot el primer tiempo, pero por sus hijos, sacó fuerzas de donde no había y siguió adelante. No obstante, cuando apareció Jerónimo en su vida, lejos estaba de querer volver a amar a un hombre otra vez.

Lo que ella no sabía, era que Jero era un hombre muy paciente y enamorado. Tiempo después, Stephie se descubrió amando a Jerónimo y se casaron. El resto, es historia.

Decidieron que no tendrían más hijos que Jesse y Valery. Jerónimo los sentía suyos a ellos y no necesitaba más. Fue su guía, su maestro, su enfermero, su chofer privado y su payaso. Los educó, los mimó, los acompañó, los apoyó y amó cada momento de sus vidas.

Jesse, emocionado por la llegada de su pequeño Lautaro, en medio de un abrazo contenedor con su papá, le dijo:

—Gracias por elegirme como hijo, yo te elijo como papá todos los días de mi vida, pero a partir de hoy, además de elegirte como papá, te elijo como abuelo de mi hijo. Es el mejor regalo que le puedo dar.

Todos sabemos, ser padre no es colocar la semillita. Ser padre es estar, es amar, es poner límites, es proteger, es acariciar, es abrazar, es enseñar y es compartir.

Me gusta mucho una frase que leí una vez que dice: “ser padre es salir a comprar cigarrillos y volver”, tiene un tinte gracioso pero es cierto. He conocido padres que dijeron que se iban a comprar cigarrillos y no volvieron. Pero sobre todo me gusta, porque siempre recuerdo cuando mi papá decía: “Ahí vengo, voy a la estación de servicio a comprar cigarrillos”, sacaba su bicicleta y al rato volvía. Jamás pensé en que nos pudiera abandonar, pero leer esa frase, me lleva a ese momento tan ínfimo de mi infancia, pero que a la vez significa tanto. Recuerdo mi sonrisa al verlo llegar y la suya al verme, aunque solo había salido de casa unos diez minutos.

A mí sí me gustan las fechas especiales, porque no la utilizo para hacer grandes regalos materiales. Las aprovecho para decirle a la gente que quiero todos mis sentimientos de verdad, porque me cuesta un poco hacerlo en cualquier momento. No es lo mejor, pero a mí me sirve.

Es por eso que en este día especial quiero desearles un Feliz Día del Padre ASÍ de grande a todos aquellos hombres que merecen ser llamados papá. A los que están a nuestro lado, a los que están lejos y a los que están en el cielo. Si hoy lo único que queremos hacer es abrazarlos y decirles cuánto los queremos, su rol más importante en la vida, está cumplido.

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