La Fibra Despierta.

Hay momentos, situaciones, imágenes, una canción, una frase que nos tocan una fibra escondida y la movilizan. Cualquier cosa, porque cuando se trata de despertar esa fibra que está dormida no se necesita algo muy grande.

Sin embargo, cuando eso pasa, qué desestabilización se produce dentro de una persona, no? Empezás a replantearte la vida. Dudás de todo lo que hiciste hasta este momento y mucho más de lo que estás haciendo.

Es hermoso cuando esa fibra dormida se despierta y te dice: “estuve soñando esto y quiero que lo hagamos.” El miedo que da cuando es algo que a nuestros ojos es imposible o cuando para poder llevarlo a cabo debemos dejar todo lo que estamos haciendo (TODO), nos paraliza un poco.

Lo que casi todos hacemos en un primer momento es querer callar a la fibra y volver a dormirla, con cuentitos que le explican de forma muy convincente lo descabellado que es realizar aquello que soñó. Lo imposible que es entrar en el mundo que ella propone. Que no sabemos nada de eso. Que no tenemos experiencia en aquello.

Y así, despacito, la fibra se vuelve a dormir.

Pasa un tiempo y hay otra situación que la despierta. La volvemos a dormir, esta vez, porque estamos enfocados en otra cosa.

A la tercera ya se despierta con más facilidad. Los estímulos que la movilizan son cada vez más simples porque también ella, se duerme cada vez más superficialmente.

Hay quienes no necesitan tantos despertares. Creen ciegamente en su fibra y si ella lo dice, por algo ha de ser.

Otros son un poco indecisos, si bien la hacen dormir unas cuantas veces, se quedan calladitos, velando el sueño de su fibra, pensando detenidamente lo que les propuso.

Están los que siempre tienen a mano un cuento para hacer dormir a su fibra.

Y están aquellos que sienten miedo porque la fibra les propuso dejar todo pero no hacia dónde ir, y la verdad que tirarse de un avión sin paracaídas, conduce directo al desastre. O no. Pero esta última opción no la consideramos.

Mi fibra está despierta.

A veces soy de las que tiene el cuento en la mano. Me pide algo muy grande, no quiero decir imposible aunque la mayoría de las veces lo pienso de ese modo, porque ningún sueño es imposible. Si está, es porque algo se puede hacer.

No obstante, lo que hice esta vez, diferente a otros despertares, fue registrar todo lo que me pasa mientras tengo la fibra despierta.

Me descubrí sintiendo los latidos de mi corazón. Sonriendo al mirarme al espejo. Sintiendo la necesidad de saber, aprender, descubrir. Alimentándome mejor porque cuando el alma está bien, el cuerpo no necesita llenarse de azúcar y grasas. Con necesidad de entrenar para liberar un poco la adrenalina acumulada en mi interior.

Me descubrí sintiéndome viva con algo grande que tal vez no alcanzaré. Con los ojos llenos de lágrimas, de emoción, de esas lágrimas que se disfrutan.

Me descubrí sintiéndome plena solo porque una fibra de mi cuerpo se despertó y me mostró, otra vez, un sueño que me hace inmensamente feliz por el solo hecho de serlo.

Me descubrí feliz soñando.

Todo esto hizo que mi discurso cambie. Ya no tengo un cuento en la mano para mi fibra, hago algo cada día para mantenerla despierta.

Ya no existe la palabra imposible en mi cabeza, porque si es un sueño, se va a cumplir.

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