Vientos de Cambio.

Hace un tiempo conté, que siempre me gustó escribir, pero que durante mucho tiempo dejé de lado este placer porque cuando me sentaba frente a la hoja en blanco sufría un bloqueo y no podía hilar dos palabras seguidas. Veía inmensa la hoja, y a mí tan pequeña para poder llenarla.

A medida que uno crece, se va conociendo, va encontrando que le gustan diferentes cosas, que otras dejaron de producirle tanto placer como antes. Nos sorprendemos al ver la manera en que han cambiado nuestros gustos musicales, nuestras prioridades, nuestros pequeños placeres.

Por ejemplo, cuando tenía veinte, me encantaba salir a bailar con mis amigas el sábado a la noche. A los veinticinco, ese gusto cambió por solo salir a tomar algo en un bar. A los veintiocho, me encanta el ritual de cocinar en casa para todas, mientras charlamos durante el proceso y nos tomamos unas copas.

La vida cambia. Las costumbres cambian. Los gustos cambian.

Pero a veces, esos cambios nos asustan. Y somos capaces de poner mil y una excusas para no hacernos cargo, no enfrentarnos, no tomar acción. Es increíble la creatividad que ponemos para evitar dar el gran paso.

He tenido una semana de grandes acontecimientos, para mí, para otras personas serán nimiedades, pero eso no viene al caso. He padecido con todo mi ser esta semana, justamente por aquello de que a veces cuesta tanto dar un paso.

Afortunadamente, los resultados fueron positivos. Eso me recargó de energías y me hizo reflexionar mucho. Vi de repente, como en la hoja en blanco, que el sentirme incapaz de hacer algo, no es más que una excusa para no hacer aquello que debo para lograr una meta.

Por eso, hoy paso a decirles algo muy trillado tal vez, pero que a veces necesitamos pasar por situaciones específicas para recordarlo. Y eso es, que nunca, pero nunca, debemos decirnos ni con la mente, ni con la mirada, ni con la boca, que somos incapaces de hacer algo. NUNCA. Porque saben, el cerebro y nuestro cuerpo se lo creen de verdad.

Soy inútil. Jamás podré hacer eso. Seguro que me va a salir mal. Es obvio que voy a salir mal. Cuando será la próxima oportunidad, es muy probable que me vaya mal esta vez. Etc., etc., etc..

Como siempre digo, debemos querernos a nosotros mismos. Debemos amarnos.

Eso se lleva a cabo con pequeños cambios. Con una moneda de un peso no podemos hacer mucho, pero si juntamos diez monedas de un peso, podemos comprarnos unas frutas o un moño para el cabello por ejemplo.

Realicemos de a un pasito a la vez, chiquito, sin desesperar. Pero atrevámonos a empezar, a luchar por aquello que queremos. Tal vez la meta está lejos, pero si damos un paso, pronto podremos llegar al final de la cuadra. Cuando llegamos al final de la cuadra, podremos empezar la que sigue y pronto estaremos frente a la meta cumplida.

Aferrémonos a la energía intensa que nos envuelve luego de haber logrado un objetivo. Por más pequeño que sea. Y hagamos que eso nos impulse a continuar y poder cumplir otro y otro y otro. Pronto veremos un sueño hecho realidad.

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