Pedacito de Alma.

El post de hoy, en realidad no es post porque no sé qué escribir.

Solo pensaba en cómo puede cambiar la vida de un momento a otro, no?

Ayer estaba en una formación a la que asisto con mucha felicidad porque me llena el alma y me permite sacar emociones muy profundas. Aprendo un montón de la parte académica y también me voy conociendo a mí misma.

En medio de la formación, me sonó el teléfono. Miro, y tenía muchos mensajes de whatsapp, evidentemente internet móvil se había cortado en un momento y cuando volvió me llegaron todos juntos. Me pareció raro tanto mensaje a las doce del mediodía.

No quería perder el hilo de la charla que estaba muy linda, pero fue más fuerte que yo y abrí un chat de un grupo nuevo al que me habían agregado.

Era una noticia muy triste. Clarita, la beba de una gran amiga mía, perdió la vida en la panza de su mamá. Mi amiga, había ido a su último control de embarazo y ya no encontraron latidos en la niñita tan esperada.

Fue un baldazo de agua fría. Pensaba y pienso todo el tiempo en dolor que están sintiendo mi amiga y su esposo. En lo triste de volver a casa y tener que desarmar la cuna que no se va a usar, guardar toda la ropita de Clari, los juguetitos que ya le habían regalado.

No puedo ni imaginar tanto sufrimiento.

Solo deseo en este momento, además del tan trillado consuelo para los papás, que en este momento no existe, que estos padres puedan encontrar el mensaje en esta desgracia que les ha tocado vivir. O tal vez sea mi deseo que esto tan triste traiga algo bueno, un aprendizaje, un camino, una luz, más amor, no sé…

Este angelito, este pedacito de alma, seguro se encargará de proteger a sus papás, de aliviar su corazón, sanar esta herida tan profunda.

Clarita querida, te amamos tanto desde que nos enteramos que venías, que el dolor que ahora sentimos es muy grande. Solo te pido que mandes todo tu amor y tu luz para tus papás que tanto lo necesitan.

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Amar es lo que Importa.

Esta es la historia de Lucas Vasconcellos, un jóven brasileño de veintitrés años, que decidió contarle a su hermanito de ocho, que es gay. Lo tomé de la página enfemenino.com y allí aparece la foto de la publicación es Facebook de Lucas, contando en primera persona (pero en portugués) lo que aconteció.

“Hoy le conté a mi hermanito que soy gay. Pasaron muchos años desde que descubrí el respeto hacia mi sexualidad, sobre el género que despierta una pasión realmente auténtica en mí, y finalmente llegué a decidir confiar mi realidad a esa personita, que es lo que más me importa en la vida. Dividí mi explicación de manera pedagógica, diciéndole que hay personas a quienes les gusta más el negro, o el blanco, o el azul, o el amarillo, o el rojo; explicándole lo bueno que eso le hacía al mundo. El hecho de que a todos nos puedan gustar colores diferentes, y que además podamos ser felices y respetados al colorear nuestro mundo con ellos.

 

  Él parecía intuir que yo le iba a contar algo. Me miró profundamente, estando quieto y pensativo durante la explicación entera, y entonces, por fin, resolví asumir mi sexualidad. Él me continuó mirando, tan calmado y sonriente, tan natural, que yo lo cuestioné: “¿Tú sabes el nombre que se le da a quien le gustan las personas iguales, John? ¿A los hombres a quienes les gustan otros hombres, o a las mujeres a quienes les gustan otras mujeres? Yo ya estaba preparado para decir la palabra “gay”, ya estaba en la punta de mi lengua, cuando él simplemente me dijo la verdadera respuesta: “¿Amor?” Y, entonces, lloré.

 

  “No llores”, me dijo, abrazándome. Él me miró con aquellos ojos llenos de inocencia, de los mismos tonos que los míos, y sentí que, por primera vez, me percibía como yo realmente era. Un hermano que lo amaba, un amigo que él jamás perdería y, pese a ser una persona con una preferencia diferente para enamorarse, soy una persona igual a cualquier otra. Supe eso por su respuesta. Por la bondad en cada una de sus palabras. Un niño de ocho años de edad supo encarar algo tan natural, con más madurez que la de un adulto.

 

  Más que mis propios padres incluso, que siempre me negaron el derecho de contarle esto a mi hermano. Aprovechad para aprender de la pureza de ellos, que la mayoría olvida al crecer, pues entiendo que las mayores verdades de la vida están en el corazón de los pequeños. Y la vida continúa, como si nada hubiese cambiado. Y, en lo más profundo de mi corazón me siento agradecido por eso”.

Algo más que agregar? Yo creo que no, el amor es lo más importante en cualquiera de sus formas y nadie tiene derecho a juzgar a otro por aquello que siente, por aquella persona o animal a quien ama. Valoremos por sobre todas las cosas el amor verdadero. Es lo más lindo y lo más importante para cambiar el mundo.

Atrevámonos a amar sin que importe nada más.

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Superhéroe.

Estoy sentado en un sillón nada cómodo la verdad, pero aguantaría esto toda la vida porque tengo la vista más linda de todas en frente mío. Acostada en una cama de hospital, está la mujer más hermosa del mundo, que acaba de dar a luz a nuestros hijos.

Ambos, somos neonatólogos. Vi cientos de partos durante mi vida, pero el de hoy, fue algo alucinante. Presenciar el momento en que la mujer que amo dio a luz por parto natural a nuestros gemelos Fausto y Pedro, marcó un antes y un después en mi vida. En nuestras vidas.

Con Lola nos enteramos de que ya venía un bebé en camino, después de varios meses de búsqueda. Y cuando hicimos la primera ecografía supimos que eran dos. Fui el hombre más feliz del mundo con la noticia, porque además de estar esperando a nuestros primeros hijos, yo tengo un hermano gemelo y es lo máximo. Mariano no solo es mi hermano, es mi amigo, compañero de aventuras, compinche y socio. Que mi hijo soñado, venga acompañado, me produjo muchísima felicidad.

Lola, se puso tan feliz como yo al conocer la noticia. Y así fue todo su embarazo, felicidad, luz, sonrisas y ni una queja. Jamás. Se bancó las náuseas, los vómitos, los mareos. Más tarde los pies hinchados, la panza enorme que no la dejaba pasar tranquila por ningún lado porque chocaba, el no encontrar posición para dormir, ni para descansar de ningún modo. La guardias interminables, el cansancio, los dolores de espalda y un sinfín de situaciones que todas las mujeres que estuvieron embarazadas alguna vez deben conocer. Mi Lola, siempre tranquila, aceptando todo con una sonrisa.

Se bancó un trabajo de parto de treinta y seis horas como una leona, pendiente de cómo estaban los bebés en todo momento, de mí, de la familia, todos estaban tan ansioso como nosotros, y ella, preocupada por que todos estemos bien. Lola es una persona que se dedica mucho a su crecimiento personal, por ello, tiene muy claro que para poder encargarse del resto, ella tiene que estar bien, lo que no sé, es cómo hacía para estar bien en medio de tantas contracciones, tanto dolor.

Cuando llegó el momento, Fausto nació primero, y a los treinta minutos, llegó Pedro. Fueron dos partos bastante duros, pero acá estamos, son las dos de la madrugada, los bebés nacieron hace ocho horas, ellos duermen en la nursery y Lola en la habitación en la que nos encontramos ahora. Y yo, todavía no puedo creer todo lo que pasó, sigo en shock.

Tengo tantos sentimientos dando vueltas que no puedo nombrarlos a todos, pero sí puedo decir que la admiración y el amor que siento por esta mujer son tan grandes, que no me entran en el pecho, no me dejan dormir. También me siento en paz, tener a mis hijos en brazos, cierra un círculo, me completa como hombre y nos completa como pareja y como familia.

Cuánta verdad hay en eso de que cuando tenés hijos realmente conocés el verdadero amor. Imaginen cuando vienen por dos, el corazón está a punto de explotarme.

Este día marca el fin de una vida y el principio de otra diferente. Aunque buscamos durante bastante tiempo a estos bebés, tuve momentos de mucha angustia porque no me sentía capaz. Sin embargo, cuando los tuve en brazos, todo pasó, me sentí Superman. Y no es que de repente una fuerza sobrehumana se apoderó de mí, es que sé que a partir de ahora, daría mi vida y mi alma por esas dos personitas que acaban de nacer.

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Sé… Osvaldo Ulrich.

Sé sencilla

gota de agua

que muere fecundando

del surco la semilla,

sé brasa que en la fragua

da al hierro su calor

feneciendo en cenizas convertida,

sé cera que alumbrando

se consume,

o una flor

que se ofrenda en perfume,

sé simplemente vida

en la onda expansiva del Amor.

  Osvaldo Ulrich, fue un sacerdote Redentorista. Nació el 11 de septiembre de 1925 y falleció el 29 de marzo de 2014.

  El padre Osvaldo no fue un poeta reconocido, pero sí que fue una gran poeta de la historia. Ni yo sabía de su existencia, es decir, sabía que era sacerdote (no sé si lo vi alguna vez), pero no que escribía tan lindo. Lo curioso de todo esto, es que este hombre era de mi pueblo. No ejerció su vocación en el lugar del que vengo pero son pocos los sacerdotes salidos de allí por lo tanto se lo conocía por eso.

  Yo supe de este lado tan lindo y admirable del curita porque hace unas semanas mi padre le hizo una entrevista para su programa de radio al hermano. Por teléfono me leyó un par de poemas y dije “wau… cómo es que nadie conoce estos poemas?”.

  Como él, hay muchísimos grandes poetas de la historia que no conocemos, por eso, me pareció que un pequeño pero lindo homenaje a todos ellos, representados por el padre Osvaldo, era compartir con todos ustedes que leen este blog desde tantos lugares del mundo diferentes, una poesía que me gustó mucho y deja un mensaje tan lindo.

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  Nota: la foto no es buena porque me la enviaron por celular, sacada de una tarjetita chiquita. Disculpas por eso.

Vientos de Cambio.

Hace un tiempo conté, que siempre me gustó escribir, pero que durante mucho tiempo dejé de lado este placer porque cuando me sentaba frente a la hoja en blanco sufría un bloqueo y no podía hilar dos palabras seguidas. Veía inmensa la hoja, y a mí tan pequeña para poder llenarla.

A medida que uno crece, se va conociendo, va encontrando que le gustan diferentes cosas, que otras dejaron de producirle tanto placer como antes. Nos sorprendemos al ver la manera en que han cambiado nuestros gustos musicales, nuestras prioridades, nuestros pequeños placeres.

Por ejemplo, cuando tenía veinte, me encantaba salir a bailar con mis amigas el sábado a la noche. A los veinticinco, ese gusto cambió por solo salir a tomar algo en un bar. A los veintiocho, me encanta el ritual de cocinar en casa para todas, mientras charlamos durante el proceso y nos tomamos unas copas.

La vida cambia. Las costumbres cambian. Los gustos cambian.

Pero a veces, esos cambios nos asustan. Y somos capaces de poner mil y una excusas para no hacernos cargo, no enfrentarnos, no tomar acción. Es increíble la creatividad que ponemos para evitar dar el gran paso.

He tenido una semana de grandes acontecimientos, para mí, para otras personas serán nimiedades, pero eso no viene al caso. He padecido con todo mi ser esta semana, justamente por aquello de que a veces cuesta tanto dar un paso.

Afortunadamente, los resultados fueron positivos. Eso me recargó de energías y me hizo reflexionar mucho. Vi de repente, como en la hoja en blanco, que el sentirme incapaz de hacer algo, no es más que una excusa para no hacer aquello que debo para lograr una meta.

Por eso, hoy paso a decirles algo muy trillado tal vez, pero que a veces necesitamos pasar por situaciones específicas para recordarlo. Y eso es, que nunca, pero nunca, debemos decirnos ni con la mente, ni con la mirada, ni con la boca, que somos incapaces de hacer algo. NUNCA. Porque saben, el cerebro y nuestro cuerpo se lo creen de verdad.

Soy inútil. Jamás podré hacer eso. Seguro que me va a salir mal. Es obvio que voy a salir mal. Cuando será la próxima oportunidad, es muy probable que me vaya mal esta vez. Etc., etc., etc..

Como siempre digo, debemos querernos a nosotros mismos. Debemos amarnos.

Eso se lleva a cabo con pequeños cambios. Con una moneda de un peso no podemos hacer mucho, pero si juntamos diez monedas de un peso, podemos comprarnos unas frutas o un moño para el cabello por ejemplo.

Realicemos de a un pasito a la vez, chiquito, sin desesperar. Pero atrevámonos a empezar, a luchar por aquello que queremos. Tal vez la meta está lejos, pero si damos un paso, pronto podremos llegar al final de la cuadra. Cuando llegamos al final de la cuadra, podremos empezar la que sigue y pronto estaremos frente a la meta cumplida.

Aferrémonos a la energía intensa que nos envuelve luego de haber logrado un objetivo. Por más pequeño que sea. Y hagamos que eso nos impulse a continuar y poder cumplir otro y otro y otro. Pronto veremos un sueño hecho realidad.

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Aprender a Pedir.

Situación Número 1:

Cande, por no estudiar, acaba de perder un año de secundaria. Se llevó muchas materias y no llegó a rendir bien las que debía para poder cursar el último año de secundaria. No se atreve a decírselo a sus padres. Se van a poner furiosos. Tiene realmente mucho miedo. Sólo pide que sus papás no se enojen con ella. Ruega a Dios que por esta única vez le conceda el deseo de que sus padres la comprendan.

Situación Número 2:

Roxana tiene una vida de porquería según ella. No tiene novio. Su familia está lejos. Odia su trabajo. Pide todos los días que alguien la llame para ofrecerle un trabajo que realmente le guste. Algo relacionado con la moda. Lo que fuera, pero relacionado con ropa y zapatos. Quiere dejar de ver gente enferma todos los días trabajando en la recepción de la clínica.

Situación Número 3:

Brenda, estaba enojada con su marido. Muy enojada. El desencadenante fue una discusión doméstica. Apenas Renzo se fue a trabajar, ella agarró las tarjetas de crédito y las dejó en rojo. En medio de su furia no pensó en todos los gastos fijos que tienen que pagar con la tarjeta. Tampoco en todo lo que falta que comprar para la construcción de su casa, ni lo que necesitan para el auto que están pagando. Cuando llegó a su casa cargada de bolsas, miró a su alrededor y vio las bolsas de cemento, de arena, los ladrillos y pensó en lo que faltaba para terminar de construir. Se acordó del auto y de los servicios por pagar. Se largó a llorar. Qué había hecho? Cómo se lo iba a decir a Renzo? Solo pedía que aparezca dinero de algún lado para poder enmendar aunque sea una parte del daño que había ocasionado. Y que su marido no la mate.

Por supuesto, siempre pedimos cuando estamos con la soga al cuello y queremos que el milagro se realice lo antes posible. Lo que creo, es que nuestra forma de pedir es muy exigente. Y, en caso de que eso “se nos cumpla”, cuántas veces nos acordamos de agradecer?

Hubiera sido mejor que Cande estudiara para rendir bien las materias que necesitaba, es verdad, pero no lo hizo. Lo hecho, hecho está y el tiempo no puede volver atrás. Entonces, lo que ella pide es que sus papás no se enojen. Un pedido bastante absurdo porque qué padre no se siente enojado y desilusionado cuando sus hijos se mandan alguna “travesura”. No sería mejor pedir sosiego, consuelo o aceptación para ellos y hacernos cargo de la parte que nos toca?

En cuanto a Roxana, puede ser que su vida sea de porquería. Si alguien desea estar en pareja y no lo está, si se siente solo porque su familia está lejos y si su trabajo no le gusta, es una vida bastante desagradable. Pero, si uno se queda en el mismo lugar quejándose por aquello que no tiene, es poco probable que salga de ahí. Yo puedo pedir y desear un trabajo en particular, pero si solo estoy en el trabajo que odio de nueve a cinco y cuando salgo me voy a casa a llorar, nadie va a venir por arte de magia a ofrecerme el mejor trabajo del mundo. Si yo quiero ser diseñadora de moda, debo empezar por instruirme en el tema, hacer cursos, investigar el mercado. Si quiero que alguien me quiera, primero debo quererme a mí misma, gustarme yo, sentirme bien conmigo misma, de ese modo, podré atraer a alguien que sienta por mí aquello que yo siento y poder retribuírselo.

Quién no tuvo un ataque de furia con su pareja o cualquier persona con la que convivió alguna vez. Pero reventar la tarjeta de crédito sin medir las consecuencias como Brenda, a mí, gracias a Dios, no me ha pasado. Pero igual que con Cande, lo hecho, hecho está. Sin embargo, pedir dinero de arriba para enmendar los daños ocasionados?  Yo creo en los milagros pero tanto así? No es mejor que una vez consciente del daño empiece por devolver algunas cosas de las tantas que se ha comprado? Ya, cada uno sabrá no? Pero creo que antes que pedir dinero caído del cielo, deberíamos pedir lucidez, sensatez y apertura para poder solucionar las cosas de la mejor manera posible.

Creo, que todos deberíamos aprender a pedir. Porque no solo se pide de palabra, también con nuestro cuerpo y nuestras acciones. Si yo pido tener un bebé pero salgo los fines de semana y bebo alcohol y fumo, es una contradicción. Estoy borrando con mis acciones lo que pido con mis labios y con mi mente.

También tenemos que aprender que para que nuestros pedidos “sean concedidos”, no debemos ser egoístas al hacerlo. Nuestro pedido tiene que contemplar también el bienestar de quienes me rodean y por qué no, de la mayor cantidad de personas posibles.

Y, por sobre todas las cosas, cada pedido, debe ir acompañado de su correspondiente acción de gracias. Es muy fácil pedir, pedir y pedir, pero el Universo, Dios o el Ser a quien se lo pidas, merece un agradecimiento por los deseos concedidos.          Y tener presente, que si lo que pedimos no se cumple, es porque no es el momento, no es lo que necesitamos o, que estamos pidiendo mal.

Aprender a pedir, también forma parte de cambiar el mundo.

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