La Fiesta del Jueves a la Noche.

El horóscopo decía que el jueves a la noche voy a conocer a alguien muy importante en una fiesta. El problema es que no voy a ir a ninguna fiesta el jueves. Y, alguien importante es muy amplio. Podría ser una nueva amiga. Un nuevo jefe. Vecinos nuevos. “Ok ok”, me dije, “tengo que dejar de pensar a quién voy a conocer el jueves a la noche en una fiesta porque la única diversión que tendré será preparar la cena para mi marido y mis hijos”.

Max, mi marido, siempre me dice “gorda no creas en esas pavadas”, y yo, no sé si es tanto que le creo, lo que pasa, es que cuando me dice algo que quiero que ocurra, pienso mucho en eso para atraerlo con la mente. Cuando ese día, le leí lo que decía mi horóscopo para la semana, me miró, me sonrió y me dijo “lo único que espero es que no sea un tipo lo que vayas a conocer en esa fiesta”. Lo amo tanto, lo único que llegué a hacer es responderle “no necesito conocer a ningún tipo”, nos dimos un par de besos y en seguida entraron corriendo los chicos a la habitación, como todos los domingos a la mañana.

Al día siguiente, cuando volví de la oficina y estaba por entrar a ducharme, sonó el teléfono. Era mi mamá que me dijo, “Helena, mi amor, el jueves es el cumpleaños de Martita, hace una fiesta en su casa, acompañáme vos porque tu padre no se la banca a Marta y no quiere ir”. Me quedé en silencio unos segundos. Un poco asustada la verdad. No conocía a Martita, sabía que era alguna de las miles de amigas que tiene mamá, pero no la vi en mi vida. Le respondí, “mamá, por qué no vas sola? Los chicos tienen jardín el viernes a la mañana, Max y yo trabajamos, no me puedo ausentar así de casa un día cualquiera”. Lo sé, fue una excusa muy tonta, y como soy muy lenta para inventar una historia, mientras lo iba diciendo sabía que mi madre tenía listo el retruque.

“Sabés perfectamente que Max se encarga de los chicos sin problemas Helena, por favor, quiero ir, A COM PA ÑA DA”. Sabía cuánto le gustaban las fiestas a mamá, también a mi padre, por lo tanto, había dos cosas raras, que papá no quiera acompañarla a la fiesta, y que mamá no quiera ir sola. Entonces le dije, “dejáme que lo hable con Max y más tarde te confirmo”.

Obviamente, Max no tenía ni un drama en quedarse con los chicos, lo había hecho muchas veces como yo, cuando salíamos separados por reuniones o alguna cena de chicas yo o un asado con sus amigos él. Sin embargo, también le llamó la atención que mamá necesitara acompañante, que papá se pierda una fiesta era insólito y me dijo, “gorda, me preocupa en serio que conozcas un chongo musculoso, pintón, alto, con mucha guita y que no vuelvas a casa”, y me sonrió de la manera en que lo hacía cuando algo lo divertía, con sus labios finitos casi desaparecidos al estirarse tanto para los costados, la nariz arrugada y los ojos chiquititos. “Qué boludo que sos Máximo, si conozco un ejemplar de esos vuelvo a casa, busco los chicos y después sí me voy”, le respondí. Reímos a carcajadas y nos abrazamos.

Mamá me dijo que era una fiesta de gala. Ni loca me ponía un súper vestido un jueves con lo cansada que estaba. Busqué un atuendo cómodo pero lindo y me puse unos tacos divinos, de esos que nunca fallan. Estaba nerviosa, esa es la verdad. Y no sé por qué, estábamos todos un poco alterados. Me parece que Max de verdad se había creído lo del horóscopo y creía que iba a conocer a alguien importante, y, como es hombre, lo único que se le ocurría era que iba a conocer otro hombre. Mis hijos, Mía de 4 y Lautaro de 2, se peleaban, lloraban, no quisieron merendar ni durmieron su siesta así que tenían un humor de perros.

“No te quiero dejar solo con los chicos en este estado”, le dije a Max, “mejor llamo a mamá y le digo que no voy”. “Por favor Helena, te creés que es la primera vez que me voy a quedar con los chicos así de alterados? No, mi amor, andá tranquila a tu fiesta, va a estar todo bien, de verdad”.

Besé a mi marido, a mis chicos, agarré el auto y fui a buscar a mamá. Cuando llego a casa, me recibe mi padre con un abrazo fuerte, reconfortante, lo extrañaba. Como siempre, mamá todavía se estaba arreglando, así que me senté a charlar con papá, hacía varios días que no lo veía. Siempre teníamos algo de qué hablar, nos encantaba estar juntos pero ya saben, la vida y sus vueltas no nos permitía vernos tan seguido. Tenía el ceño fruncido, pero me dijo que todo estaba bien. Lo noté un poco raro, pero me convencí de que la perseguida era yo. Me prometí no volver a leer el bendito horóscopo de los domingos a la mañana.

Mi madre, también estaba nerviosa. Cuando llegamos a lo de Martita, había mucha gente, todos de gala menos un par. En eso, veo que un hombre nos mira, a mí primero, luego a mamá, y por último deja sus ojos posados en mí. Tenía mirada profunda, sonreía solo con los ojos, era uno de los pocos que no estaba vestido de gala, no solo eso, llevaba jeans y zapatillas y una remera de los Rolling Stones. Me puso tan incómoda que giré para decirle a mi madre que vayamos a tomar algo porque ese hombre me ponía nerviosa. No obstante, él ya se está acercando a nosotras. Sonriendo con la cara completa, dejando ver sus enormes y blancos dientes, los ojos grandes y oscuros surcados de pequeñas arrugas brillaban y a medida que más se acercaba, más nerviosa me ponía yo por la forma en que nos miraba.

“Hola Vicky, tanto tiempo”, le dijo a mamá. Yo abrí muy grandes los ojos, la miré a mamá sorprendida y ella le dijo: “Hola Ramiro, mucho tiempo, sí. Ella es Helena, mi hija”

Ramiro, me agarró la mano, con una sonrisa enorme en la cara, me dijo: “Helena, hola, es un placer conocerte”.

piscis

  Continuará…

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