Luz.

Guillermina, una mujer de 30 años con una hija de 11 meses, divorciada en malos términos, necesitaba que alguien se quede dos días con Luz porque tenía que realizar trámites. Como no quería dejar a su hija con cualquier persona, le preguntó a su hermana Paula si le podía hacer el favor.

Paula, que no quería ser grosera con su hermana, le dijo que sí. Aunque no quería hacerlo, no porque no quisiera a su sobrina, la adoraba, sino que estaba pasando por un mal momento que no había compartido con nadie.

Fue el día acordado a quedarse con la pequeña Luz. Era a la mañana muy temprano, por lo tanto la nena aún dormía. Paula estaba muy nerviosa. Nunca había estado completamente sola con la beba, no sabía muy bien cómo manejarse.

A la hora habitual Luz se despertó. Cuando Paula fue a la habitación, la nena la recibió con una enorme sonrisa y ganas de jugar. Paula le cambió los pañales, le dio la mamadera y jugó con ella. A pesar del mal momento que estaba pasando Paula, su novio de toda la vida la había abandonado recientemente, se sintió en paz y contenta con su sobrina.

A mitad de mañana, la beba pidió estar en brazos. Cuando Paula la levantó, Luz se acurrucó en su hombro y minutos después se quedó dormida. Paula sintió esos bracitos rodeando su cuello, la respiración de Luz en su cuello, el sonido del chupete cuando se iba quedando profundamente dormida, ese cuerpito tan chiquito y que irradiaba tanto amor. El corazón le latía muy fuerte a Pau, esa mezcla de angustia y amor que sentía se hizo más intenso.

No quería dejar a esa personita en su cuna para que duerma tranquila, quería tenerla en brazos y que ese momento dure mucho tiempo. Sin embargo, pensó que era lo mejor hacer las cosas de modo que disfrutaran ambas. La acostó en la cama de su hermana y se recostó ella a su lado a observarla cómo dormía.

Pasado el tiempo de siesta, Luz abrió los ojitos. Vio a su tía a su lado y le sonrió. Le tocó con su pequeña manito la boca a Paula. Eso significaba que quería que le cante una canción. Como la tía no se sabía las canciones infantiles, empezó a tararear una de sus preferidas de Celine Dion.

Luz miraba a los ojos a su tía, tan profundamente, tan concentrada. Paula le acarició la manito. Luz levantó su manito y empezó a pasar sus deditos por la mano de su tía. Mientras seguía mirando a Paula a los ojos, la nena acariciaba la mano de su tía dulcemente.

Paula sintió una emoción tan grande. Nunca había tenido ese tipo de conexión con su sobrina. Ni siquiera sabía que un bebé se podía conectar de ese modo. No entendía cómo alguien tan chiquitito podía brindarte tanto, sin saber hablar, ni caminar, ni besar, solo con sus ojitos y sus manitos, daba todo el amor que salía de su corazón.

Ese fue el momento en que a Paula se le movió algo en lo profundo de su corazón. Y tomó la decisión más importante de su vida. Gonzalo la había abandonado porque no quería tener un hijo con ella. Se sintió tan mal por haber siquiera pensado en eso.

Luz le mostró el camino. Luz le dio luz a su corazón y a su mente. Luz le demostró por qué debía tener a ese bebé que llevaba en su vientre.

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