Alguien Importante.

Aclaración: Este texto es continuación de “La Fiesta del Jueves a la Noche”

Helena, solo logró decir, “Mucho gusto” y por esas cosas hermosas de la vida, vio a una compañera de trabajo, así que dejó a su madre con aquel hombre, al que aparentemente conocía y se fue a charlar.

Vicky, estaba en otra dimensión. No se dio cuenta de que su hija se había ido. Ramiro le sonreía y la miraba con esa media sonrisa y eso ojos profundos que ella tan bien conocía. Un poco tartamudeando, le empezó a preguntar a Ramiro por la vida, por su vida. Él le contó que seguía siendo locutor de una radio bastante conocida en el sur del país, que tenía un programa por las mañanas, de rock, obviamente, y que por las tardes asistía a eventos o los investigaba por internet y que escribía acerca de ello en los medios gráficos locales.

Seguía siendo un alma solitaria, viajaba siempre que podía y como justo su prima Martita cumplía años en la misma época que el festival de rock que se estaba llevando a cabo esa semana en la ciudad, había viajado para estar en los dos acontecimientos.

Vicky también le contó acerca de su vida, de cómo habían pasado los años y ella gracias a que su esposo tenía un buen trabajo, pudo dedicarse a la pintura a tiempo completo. Alguna que otra vez vendía un cuadro, pero la mayoría los regalaba. Le contó sobre sus dos nietos, sobre Helena y Max, y así sin darse cuenta, se pasó la noche y Helena se llevó a su madre, no sin antes saludar cordialmente al desconocido amigo de su madre.

El sábado por la mañana, su mamá la invitó a desayunar en un bar al que nunca habían ido. Era rústico, bien campestre como los que le gustaban a ella. Cuando Helena llegó, Vicky estaba con Ramiro.

“Disculpe, no es con usted, pero mamá, me invitaste a desayunar, creí que íbamos a estar solas, o con papá, qué hace este hombre? Yo la verdad, prefiero estar en casa con Max y los chicos”, dijo Helena molesta, había algo en ese hombre que no le terminaba de cerrar.

“Helena, sentáte por favor”, le dijo su madre. Ramiro sonreía. Era como si tuviera tatuada la sonrisa en la cara, a Helena le dio bronca.  Entonces dijo, “Mamá, decíme lo que me tengas que decir y los dejo que desayunen tranquilos”.

Ramiro y Vicky se miraron, ella le tomó la mano a Helena y le dijo, “Hija, Ramiro es tu verdadero padre”, y se quedó en silencio esperando la reacción de Helena.

A Helena le pasó su vida entera por la cabeza en un minuto. No le iba a pedir a su mamá como en las novelas que repitiera lo que había dicho porque lo había escuchado muy bien. Pero no entendía. Su madre definitivamente había enloquecido. ¿Qué significaba todo eso?

“Me podés explicar esto mamá por favor? Realmente no sé si soy tonta o vos estás diciendo una estupidez más grande que una casa, pero no entiendo”, dijo un poco más alterada.

“Yo te puedo explicar algunas cosas si me dejás”, le dijo Ramiro.

“Usted por favor no hable porque yo no lo conozco y este es un tema que me tiene que explicar ella que es la que hizo todo este lío”, replicó Helena. Estaba enojada, lo único que le venía a la cabeza era su papá. Porque ella tenía 32 años, y tuvo un padre con todas las letras, no le importaba quién era ese hombre.

“Hele, hace muchos años, tu papá Hugo y yo…”, empezó a decir Vicky.

“No digas tu papá Hugo, el es mi único papá, así que no vengas a hacerte la psicopedagoga conmigo que ya tengo 32 años, te pido por favor, mamá”, la cortó Helena.

“Ok, te la voy a hacer corta porque veo que estás muy alterada. Tu papá y yo nos separamos un mes más o menos, hace mucho tiempo. En ese momento, Martita era mi mejor amiga y me presentó a su primo que estaba de vacaciones. Nos gustamos, una cosa llevó a la otra, pasó lo que ocurre entre dos personas que se gustan y después, Ramiro se volvió al sur. Al poquito tiempo me enteré de que estaba embarazada. Ya estaba de vuelta con papá pero las fechas no daban, vos sabés cómo es esto. Entré en pánico, pero terminé diciéndoselo todo a tu papá. Él me dijo que le avisara a Ramiro, que él tenía derecho a saber que iba a tener un hijo, pero que de cualquier manera él se iba a hacer cargo del bebé y lo iba a criar como si fuera suyo…”, a Vicky se le quebró la voz al recordar el momento. “Yo, no quise avisarle a Ramiro, lo nuestro había sido un amor de verano y sabía perfectamente que él no quería hijos. Él tampoco volvió, esta es la primera vez que lo veo después de aquella primera vez. Cuando me di cuenta cómo te miraba, supe que se dio cuenta, tenés sus ojos, su boca y sus dientes enormes que nunca te gustaron”, Vicky sonrió, “era el momento de que él se enterara, por eso quise que vayas a la fiesta, eras la carta de presentación, después me tocaba hablar a mí…”

“Por eso papá no quería ir a la fiesta, y estaba triste esta semana, mamá… no puedo creer todo esto. Qué se supone que tenemos que hacer ahora? Él también quiere ser mi papá? Ya no puede, mi papá es papá, el que estuvo siempre conmigo, en mis momentos más tristes y más felices, yo sé que usted, Ramiro no tiene la culpa de todo esto pero no sé qué es lo que tengo que hacer y no sé si quiero hacerlo… el lugar de papá en mi corazón está ocupado… yo no sé si tiene algo que hacer usted acá…”

“Mi mayor miedo, toda la vida, fue que al encontrarlo lo eligieras a él y no a mí, mi amor”, dijo Hugo, que apareció por atrás de Helena, “después de escucharte, confirmo, como cada día, que sos lo mejor que me pasó en la vida, y que no sería nada sin vos, pero al menos, dale a Ramiro, la oportunidad de que te conozca y de conocerlo vos a él. Él se perdió la oportunidad de compartir su vida con el ser más hermoso de la tierra y gracias a Dios ese ser cayó en mis brazos y me hizo el hombre más feliz del mundo, yo quiero compartir con él, si vos lo permitís, mi mayor felicidad, porque sé que se lo debo. Fue algo que hizo sin saber, pero le estoy muy agradecido de todas maneras”.

Helena se fundió en un abrazo con su papá, de esos que no querés que se terminen y  no les hizo falta nada más. La preocupación de años de Hugo, se había terminado con esas palabras y ese abrazo. Porque ambos supieron que dos seres destinados a estar juntos, van a estarlo pase lo que pase.

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La Fiesta del Jueves a la Noche.

El horóscopo decía que el jueves a la noche voy a conocer a alguien muy importante en una fiesta. El problema es que no voy a ir a ninguna fiesta el jueves. Y, alguien importante es muy amplio. Podría ser una nueva amiga. Un nuevo jefe. Vecinos nuevos. “Ok ok”, me dije, “tengo que dejar de pensar a quién voy a conocer el jueves a la noche en una fiesta porque la única diversión que tendré será preparar la cena para mi marido y mis hijos”.

Max, mi marido, siempre me dice “gorda no creas en esas pavadas”, y yo, no sé si es tanto que le creo, lo que pasa, es que cuando me dice algo que quiero que ocurra, pienso mucho en eso para atraerlo con la mente. Cuando ese día, le leí lo que decía mi horóscopo para la semana, me miró, me sonrió y me dijo “lo único que espero es que no sea un tipo lo que vayas a conocer en esa fiesta”. Lo amo tanto, lo único que llegué a hacer es responderle “no necesito conocer a ningún tipo”, nos dimos un par de besos y en seguida entraron corriendo los chicos a la habitación, como todos los domingos a la mañana.

Al día siguiente, cuando volví de la oficina y estaba por entrar a ducharme, sonó el teléfono. Era mi mamá que me dijo, “Helena, mi amor, el jueves es el cumpleaños de Martita, hace una fiesta en su casa, acompañáme vos porque tu padre no se la banca a Marta y no quiere ir”. Me quedé en silencio unos segundos. Un poco asustada la verdad. No conocía a Martita, sabía que era alguna de las miles de amigas que tiene mamá, pero no la vi en mi vida. Le respondí, “mamá, por qué no vas sola? Los chicos tienen jardín el viernes a la mañana, Max y yo trabajamos, no me puedo ausentar así de casa un día cualquiera”. Lo sé, fue una excusa muy tonta, y como soy muy lenta para inventar una historia, mientras lo iba diciendo sabía que mi madre tenía listo el retruque.

“Sabés perfectamente que Max se encarga de los chicos sin problemas Helena, por favor, quiero ir, A COM PA ÑA DA”. Sabía cuánto le gustaban las fiestas a mamá, también a mi padre, por lo tanto, había dos cosas raras, que papá no quiera acompañarla a la fiesta, y que mamá no quiera ir sola. Entonces le dije, “dejáme que lo hable con Max y más tarde te confirmo”.

Obviamente, Max no tenía ni un drama en quedarse con los chicos, lo había hecho muchas veces como yo, cuando salíamos separados por reuniones o alguna cena de chicas yo o un asado con sus amigos él. Sin embargo, también le llamó la atención que mamá necesitara acompañante, que papá se pierda una fiesta era insólito y me dijo, “gorda, me preocupa en serio que conozcas un chongo musculoso, pintón, alto, con mucha guita y que no vuelvas a casa”, y me sonrió de la manera en que lo hacía cuando algo lo divertía, con sus labios finitos casi desaparecidos al estirarse tanto para los costados, la nariz arrugada y los ojos chiquititos. “Qué boludo que sos Máximo, si conozco un ejemplar de esos vuelvo a casa, busco los chicos y después sí me voy”, le respondí. Reímos a carcajadas y nos abrazamos.

Mamá me dijo que era una fiesta de gala. Ni loca me ponía un súper vestido un jueves con lo cansada que estaba. Busqué un atuendo cómodo pero lindo y me puse unos tacos divinos, de esos que nunca fallan. Estaba nerviosa, esa es la verdad. Y no sé por qué, estábamos todos un poco alterados. Me parece que Max de verdad se había creído lo del horóscopo y creía que iba a conocer a alguien importante, y, como es hombre, lo único que se le ocurría era que iba a conocer otro hombre. Mis hijos, Mía de 4 y Lautaro de 2, se peleaban, lloraban, no quisieron merendar ni durmieron su siesta así que tenían un humor de perros.

“No te quiero dejar solo con los chicos en este estado”, le dije a Max, “mejor llamo a mamá y le digo que no voy”. “Por favor Helena, te creés que es la primera vez que me voy a quedar con los chicos así de alterados? No, mi amor, andá tranquila a tu fiesta, va a estar todo bien, de verdad”.

Besé a mi marido, a mis chicos, agarré el auto y fui a buscar a mamá. Cuando llego a casa, me recibe mi padre con un abrazo fuerte, reconfortante, lo extrañaba. Como siempre, mamá todavía se estaba arreglando, así que me senté a charlar con papá, hacía varios días que no lo veía. Siempre teníamos algo de qué hablar, nos encantaba estar juntos pero ya saben, la vida y sus vueltas no nos permitía vernos tan seguido. Tenía el ceño fruncido, pero me dijo que todo estaba bien. Lo noté un poco raro, pero me convencí de que la perseguida era yo. Me prometí no volver a leer el bendito horóscopo de los domingos a la mañana.

Mi madre, también estaba nerviosa. Cuando llegamos a lo de Martita, había mucha gente, todos de gala menos un par. En eso, veo que un hombre nos mira, a mí primero, luego a mamá, y por último deja sus ojos posados en mí. Tenía mirada profunda, sonreía solo con los ojos, era uno de los pocos que no estaba vestido de gala, no solo eso, llevaba jeans y zapatillas y una remera de los Rolling Stones. Me puso tan incómoda que giré para decirle a mi madre que vayamos a tomar algo porque ese hombre me ponía nerviosa. No obstante, él ya se está acercando a nosotras. Sonriendo con la cara completa, dejando ver sus enormes y blancos dientes, los ojos grandes y oscuros surcados de pequeñas arrugas brillaban y a medida que más se acercaba, más nerviosa me ponía yo por la forma en que nos miraba.

“Hola Vicky, tanto tiempo”, le dijo a mamá. Yo abrí muy grandes los ojos, la miré a mamá sorprendida y ella le dijo: “Hola Ramiro, mucho tiempo, sí. Ella es Helena, mi hija”

Ramiro, me agarró la mano, con una sonrisa enorme en la cara, me dijo: “Helena, hola, es un placer conocerte”.

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  Continuará…

8 de Marzo. Día de la Mujer.

5.00 am. Margarita, de fiesta en un boliche, baila con Gonzalo a quién conoció esa noche. Se gustaron, y en el momento oportuno, él le dio un beso que la dejó sin aire. El resto, es historia.

6.00 am. Mercedes se levanta, se ducha, prepara un nutritivo desayuno y acomoda su escritorio para empezar a trabajar. Es escritora y tiene que entregar su libro corregido dentro de dos días. Le espera una larga jornada de trabajo.

7.00 am. Micaela se levanta, automáticamente prepara una mamadera y se la da a Bruno, su bebé de nueve meses, que no ha tenido una buena noche. Luego lo cambia y lo deja listo para cuando llegue el padre a buscarlo para pasar el día con él.

8.00 am. Montserrat se despierta, ve a Luciano dormido después de una noche de pasión. Le late muy fuerte el corazón, le encanta ver la paz de su rostro cuando duerme, sentir su olor, escuchar su respiración lenta y acompasada. Decide levantarse, ducharse y preparar una torta para llevar al almuerzo en la casa de sus suegros. Es el cumpleaños de Mora, su cuñada y van a hacer un festejo íntimo, como siempre.

9.00 am. Muriel se despierta en el preciso momento en que sintió que entraban los chicos a la habitación. Juan, su esposo, lleva una bandeja llena de cosas ricas para desayunar. Iam, Santino y Federico, sus hijos de 6, 4 y 2 años, llevaban una rosa cada uno y un cartel que dice: “Feliz Día de la Mujer Mamá y Muna”. Muna, es la beba que Muriel lleva en su vientre.

10.00 am. Margarita sale de bañarse. Antes del baño, despidió a Gonzalo, con quien tuvo una sesión de sexo alucinante. Quedaron en escribirse. Relajada, se va a dormir, después de una larga noche.

11.00 am. Mercedes, se siente cansada. Le costó mucho concentrarse y ya lleva muchas horas de trabajo sin parar. Decide mandarle un mensaje a José, su novio. Se pelearon el día anterior por culpa de ella y ahora está arrepentida. Apenas lo envía, tocan el timbre. Es él, que sabe cuánto trabajo tiene su chica, así que llega con varias bolsas para prepararle un rico almuerzo, mientras ella se dedica a su libro.

12.00 pm. Micaela recibe un llamado de Pablo, su ex marido. Bruno tiene fiebre, está intranquilo y él no sabe qué hacer. Como el bebé está cortando los dientes, su estado es algo lógico. Ella le vuelve a explicar lo que debe hacer e intenta tranquilizarlo, sabe que Pablo la llamó porque se siente inseguro frente a la situación, Bruno en sus nueve meses, nunca ha estado enfermo.

13.00 pm. Montzerrat está en pleno almuerzo en la casa de los padres de su novio. Los hombres prepararon un asado exquisito. Mora, que cumple años, anuncia que está embarazada luego de muchos años de intentos fallidos. Los suegros de Montze se emocionan, será el primer nieto. Luciano, está feliz, Mora es su única hermana y verla feliz es todo para él. A Montze le explota el corazón de alegría, hace cinco años está de novia con Luciano, y sabe lo que esa noticia significa después de tanto tiempo deseando ese bebé que llevaban Mora y Leo. Todo es alegría. Todo es risas y felicidad.

14.00 pm. En la casa de Muriel hay niños correteando por todos lados. A ella y a Juan les encantan los almuerzos familiares. Y casi todos los domingos organizan uno. Como vienen de familias muy pequeñas, ensamblaron ambas cuando se casaron, diez años antes. Lo que más les gusta es que los chicos crecen rodeados de sus cuatro abuelos y todos sus tíos y primos.

21.30 pm. Margi, como siempre, es la última en llegar. Está radiante y deseosa de contarles a sus amigas sobre el bombón que conoció. Mechi, está cansada, no pensaba salir de su casa hasta la entrega, pero debía despejarse un rato y qué mejor manera que disfrutar de una cena con sus amigas. Mica, trae la comida a la mesa, ella es la cheff del grupo y siempre se encarga de hacer comidas exquisitas para sus reuniones de chicas, Pablo va a traer a Bruno a medianoche. Montze, siempre está contenta y ese día mucho más por la noticia del nuevo bebito. Muriel, está cansada, tiene los pies hinchados y le duele la espalda, ya lleva siete meses de embarazo, agradece que su marido se quede con los chicos una vez a la semana para que ella pueda disfrutar de sus amigas.

Brindan por la nueva conquista de Mar; por el nuevo libro de Mechi; porque Mica por fin ha llegado a un acuerdo con Pablo y se están llevando bien; por Montze que siempre les trae alegría, su Luciano adorado y el nuevo sobrino que tendrán; por Muriel, la pequeña Muna en camino, el divino de Juan y los tres pequeños príncipes que tienen.

De repente, recuerdan que es el día de la mujer. Se dan cuenta de que son cinco mujeres, con historias muy diferentes, que se convirtieron en grandes amigas apenas se conocieron en una clase de yoga, prácticamente lo único que tienen en común, además de quererse inmensamente. Brindan entonces, porque es su día, porque son mujeres y les encanta serlo.

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Vivamos, Querida Lesbia, Catulo.

Vivamos, querida Lesbia, y amémonos,

y las habladurías de los viejos puritanos

nos importen todas un bledo.

Los soles pueden salir y ponerse;

nosotros, tan pronto acabe nuestra efímera vida,

tendremos que vivir una noche sin fin.

Dame mil besos, después cien,

luego otros mil, luego otros cien,

después hasta dos mil, después otra vez cien;

luego, cuando lleguemos a muchos miles,

perderemos la cuenta para ignorarla

y para que ningún malvado pueda dañarnos,

cuando se entere el total de nuestros besos.

catulo

  Traducción: A. Ramírez de Verger.

Luz.

Guillermina, una mujer de 30 años con una hija de 11 meses, divorciada en malos términos, necesitaba que alguien se quede dos días con Luz porque tenía que realizar trámites. Como no quería dejar a su hija con cualquier persona, le preguntó a su hermana Paula si le podía hacer el favor.

Paula, que no quería ser grosera con su hermana, le dijo que sí. Aunque no quería hacerlo, no porque no quisiera a su sobrina, la adoraba, sino que estaba pasando por un mal momento que no había compartido con nadie.

Fue el día acordado a quedarse con la pequeña Luz. Era a la mañana muy temprano, por lo tanto la nena aún dormía. Paula estaba muy nerviosa. Nunca había estado completamente sola con la beba, no sabía muy bien cómo manejarse.

A la hora habitual Luz se despertó. Cuando Paula fue a la habitación, la nena la recibió con una enorme sonrisa y ganas de jugar. Paula le cambió los pañales, le dio la mamadera y jugó con ella. A pesar del mal momento que estaba pasando Paula, su novio de toda la vida la había abandonado recientemente, se sintió en paz y contenta con su sobrina.

A mitad de mañana, la beba pidió estar en brazos. Cuando Paula la levantó, Luz se acurrucó en su hombro y minutos después se quedó dormida. Paula sintió esos bracitos rodeando su cuello, la respiración de Luz en su cuello, el sonido del chupete cuando se iba quedando profundamente dormida, ese cuerpito tan chiquito y que irradiaba tanto amor. El corazón le latía muy fuerte a Pau, esa mezcla de angustia y amor que sentía se hizo más intenso.

No quería dejar a esa personita en su cuna para que duerma tranquila, quería tenerla en brazos y que ese momento dure mucho tiempo. Sin embargo, pensó que era lo mejor hacer las cosas de modo que disfrutaran ambas. La acostó en la cama de su hermana y se recostó ella a su lado a observarla cómo dormía.

Pasado el tiempo de siesta, Luz abrió los ojitos. Vio a su tía a su lado y le sonrió. Le tocó con su pequeña manito la boca a Paula. Eso significaba que quería que le cante una canción. Como la tía no se sabía las canciones infantiles, empezó a tararear una de sus preferidas de Celine Dion.

Luz miraba a los ojos a su tía, tan profundamente, tan concentrada. Paula le acarició la manito. Luz levantó su manito y empezó a pasar sus deditos por la mano de su tía. Mientras seguía mirando a Paula a los ojos, la nena acariciaba la mano de su tía dulcemente.

Paula sintió una emoción tan grande. Nunca había tenido ese tipo de conexión con su sobrina. Ni siquiera sabía que un bebé se podía conectar de ese modo. No entendía cómo alguien tan chiquitito podía brindarte tanto, sin saber hablar, ni caminar, ni besar, solo con sus ojitos y sus manitos, daba todo el amor que salía de su corazón.

Ese fue el momento en que a Paula se le movió algo en lo profundo de su corazón. Y tomó la decisión más importante de su vida. Gonzalo la había abandonado porque no quería tener un hijo con ella. Se sintió tan mal por haber siquiera pensado en eso.

Luz le mostró el camino. Luz le dio luz a su corazón y a su mente. Luz le demostró por qué debía tener a ese bebé que llevaba en su vientre.

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