La Copa de Helado.

  “En la época en que el precio de una copa de helado de nuez y almíbar costaba poco, un chico de diez años entró a la cafetería de un hotel y se sentó ante una mesa.

  Una mesera se acercó a la mesa para levantar el pedido del nene.

  —¿Qué cuesta un helado de nuez y almíbar?—preguntó el chico.

  —Cincuenta centavos—respondió la camarera.

  El muchacho sacó las manos de su bolsillo y contó la cantidad de dinero en monedas que traía.

  —¿Qué cuesta una copa sencilla de helado?—volvió a preguntar.

  Algunos clientes esperaban por una mesa, entonces la camarera empezó a impacientarse. Entonces, de mala manera, le dijo al chico:

—Treinta centavos.

  De nuevo el nene contó las monedas.

  —Tomaré la copa sencilla—dijo.

La camarera llevó la copa de helado, colocó la cuenta sobre la mesa y se retiró. El chico terminó el helado, pagó al cajero y se salió. Cuando la camarera regresó, levantó el plato y grande fue su sorpresa ante lo que vio.

Ahí, dispuestos correctamente a un lado de la copa, se encontraban tres monedas de cinco centavos y cinco de un centavo.

  Era su propina.”

En este pequeñísimo cuento se juntan la belleza de los niños y los prejuicios de los adultos. Qué lindo sería que conservemos un poco de la inocencia, la calidez y la nobleza de corazón que tienen los chicos. El mundo sería un poco menos estresante, iríamos menos enojados a nuestros trabajos, nos fijaríamos un poco más en el otro.

Anoche, iba caminando con una amiga y un señor, en su camioneta de marca muy conocida, enorme, hermosa, blanca, frenó y les preguntó a cuatro nenes que rondarían los diez años, si querían que los lleve. Los chiquitos estaban esperando el colectivo y le dijeron que vivían lejos. El hombre les preguntó si sabían por donde para indicarle el camino, los nenes le dijeron que sí y empezaron a explicarle.

Automáticamente el hombre abrió las puertas de su camioneta, los nenes subieron y arrancó.

Yo pensé y le dije a mi amiga, “qué ternura, ojalá quedaran más personas así”; mi amiga, sorprendida me miró y me dijo:”a mi me dio miedo, mirá si el tipo ese les hace algo”.

Las dos caras de una moneda. ¿Yo soy muy crédula? ¿Mi amiga ve nubes negras por todos lados? Tal vez un poco y un poco. Lo que sí es cierto, es que el mundo en el que vivimos no está bien. Es de otro mundo ver a una persona  realizando una buena acción, y si la realiza, es sospechoso. ¿A qué hemos llegado? ¿No debería eso ser algo normal?

Creo que somos los adultos los que tenemos mucho por aprender y de los niños, no de nuestros pares.

helado-chocolate

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