Ni con el Pétalo de una Rosa.

“Lara, única hija mujer, en una familia con cinco hijos, creció viendo cómo los hombres mandaban en el mundo. Su papá, siempre protector de sus hijos, se crió en la época en que las mujeres tenían que quedarse en casa a cuidar a los chicos y los hombres salir a trabajar. Y eso era lo que quería para su familia. Nora, la mamá, creció en la misma época que su marido y estuvo de acuerdo con su marido en la forma en que llevarían adelante su hogar.

En la casa de la familia Guzmán, se podía estar contento o enojado, pero no tristes, porque eso era cosa de débiles y un Guzmán, jamás iba a andar llorando por los rincones. Esto a Lara la confundía, porque a pesar de haberse criado en esa familia y de que le gustaban los autos y el fútbol, su papá era cariñoso con sus cinco hijos tanto como su mamá. Cuando estaba triste, se enojaba porque esa era la forma que conocía de reaccionar frente a las situaciones adversas.

Cuando terminó el colegio, quiso estudiar psicología. Después de muchas discusiones con los hombres de su familia, que no querían saber nada con que estudie esa carrera ni que vaya a vivir sola a un lugar tan lejano, partió hacia la gran ciudad para cumplir su sueño.

Allí conoció gente nueva, historias de vida muy diferentes a las que ella había vivido y la psicología de las personas, algo tan fascinante y sorprendente a la vez.

Se dio cuenta de que había muchas situaciones que en su pueblo se consideraban “normales”, pero en realidad no lo eran. Comprendió que si un hombre se daba vuelta a mirarle la cola ella no tenía la culpa por haberse puesto un pantalón ajustado. Si le gritaban cosas obscenas no era porque ella había provocado esos gritos. Pudo entender, que si alguien maltrataba verbalmente a su pareja, no era culpable el maltratado por haber hecho algo mal.En su pueblo solo se condenaba a quien golpeaba o violaba a otra persona.

Uno de los primeros viajes que hizo Lara a su pueblo, desde la Universidad, vivió una situación muy incómoda. Fue a visitar a su hermano mayor y se quedó a cenar. A Marcela, su cuñada, se le cayó una fuente de ensalada al piso. Francisco, desde su silla, donde estaba muy cómodo esperando que le sirvan la comida, junto a sus dos hijos varones, le dijo:

—Marcela sos imbécil? Mirá lo que hiciste!!! Rompiste la fuente y desperdiciaste una ensalada!! Limpiá rápido que encima se va a enfriar la carne. Hay que ser boluda, che!

—Francisco ubicate. Cómo vas a tratar así a Marcela? Qué clase de ejemplo es ese para tus hijos?—le dijo Lara a su hermano y fue a ayudar a su cuñada.

—Pará, pará, pará nena. Qué te creíste? Qué porque te fuiste a estudiar a la ciudad sos más que nosotros? Bajá el tonito que seguís siendo la misma pueblerina de siempre.

—Yo no me creo nada, me parece terrible que trates así a una persona, peor que le muestres ese comportamiento espantoso a tus hijos. Además, estamos hablando de una persona a la que querés, no me quiero imaginar como tratás al resto del mundo.

—Yo trabajo todo el día para que ella y los chicos coman, tengo todo el derecho a tratarlos como quiero.”

Esta situación es una historia real novelizada. La vivió una amiga hace un par de años. Y como el 25 de noviembre fue el Día Internacional contra la Violencia de Género, me pareció importante hacer una mención especial a esta fecha tan importante.

Además, quiero exponer algunas situaciones que a menudo se presentan en mi vida cotidiana y a las cuales no se les da tanta importancia como, me parece a mí, debería.

Primero, que violencia de género se refiere tanto de hombre a mujer como de mujer a hombre. Nos enfocamos mucho en la violencia a la mujer porque es real que es más frecuente, pero créanme, conozco varios casos de hombres golpeados por sus mujeres, hombres maltratados psicológicamente no solo por sus esposas, por cualquier mujer con la que conviven, hombres acosados sexualmente por mujeres que tienen poder sobre ellos, principalmente en los lugares de trabajo.

Por otro lado, estoy muy habituada a escuchar algo que me enfurece:“pero ella se deja maltratar”;”ah, pero Juan es un boludo para dejarse maltratar de ese modo”,etc.. No rotundo. Si una persona es maltratada, es víctima, de ningún modo culpable. Estoy de acuerdo en que hay personas que tienen un carácter más dócil o frágil y que eso los lleve a no defenderse, no obstante, eso no lo convierte en culpable, convierte al maltratador en un cobarde, que se la agarra con quien no sabe, no puede, o por equis motivo no se defiende.

Por último, jactarse de que “yo no maltrato a nadie” y después reírse y festejar los abusos de Pedro hacia Juan, te hace tan maltratador como Pedro.

barra-de-laios

  Nota: El título del post Ni con el Pétalo de una Rosa, es el lema de una campaña en contra del maltrato a las mujeres liderada por la actriz Alejandra Borrero. El día 25 de noviembre, varios famosos colombianos se unieron a la actriz pintándose los labios de rojo como compromiso de no violencia hacia mujeres y niñas.

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