Desde las Raíces.

Estuve mirando una entrevista a Florencia de la V, hecha por un gran periodista argentino, Matías Martin, para su programa, Línea de Tiempo.

Flor, es una cómica, actriz y vedette argentina. Lo que la diferencia de las demás es algo que importa solo a los fines del post. Ella es travesti. Está casada con un señor llamado Pablo y tienen mellizos, Paul e Isabella, de tres años.

Realmente fue una gran entrevista, que recorrió todo el trabajo que hizo Florencia a lo largo de su carrera y también habló de temas personales. Hay un par de cosas que dijo que me llegaron mucho y me hicieron pensar, “esto quiero”. Una de las cosas que quiero, es compartir esos pensamientos, a lo mejor a alguien más le llegan como a mí.

El atreverse. Algo tan trillado, simple y millones de veces hablado. Pero cómo cuesta dar el gran paso cuando nos toca a nosotros. A mí por ejemplo, algo que me cuesta muchísimo, que en un momento me llevó a tener ataques de pánico, son los exámenes. Horrores, los sufro siempre un montón, aunque los ataques de pánico ya no aparezcan tanto después de un largo tratamiento.

Flor cuenta en la entrevista que apareció vestida de mujer por primera vez frente a toda su familia cuando tenía diecisiete años, en el casamiento de su prima. Yo quedé impresionada. Le dije a mi hermano que veía conmigo la entrevista: “La valentía de esta mina no tiene nombre!!!”

Si quisiéramos comparar su atreverse con mi no atreverme, no se puede. Lo de ella es enorme, lo mío muy pequeño, pero hay algo que nos toca a las dos. El prejuicio ajeno. Ella por su apariencia física, yo, por ser tan grande y no haberme recibido.

Y ahí está la capacidad de salir a flote con lo que te toca, lo que te pasa, lo que sentís. Ella, es una artista con una carrera muy exitosa, supo salir adelante y plantarse donde correspondía. Yo, sigo estudiando, pero este atraso en la facultad me sirvió para darme cuenta que el camino que me impuse desde muy chiquita, no es el que quiero y seguramente si me hubiera recibido a tiempo, estaría siendo infeliz en ese lugar.

Florencia fue muy discriminada y seguramente lo va a seguir siendo por su condición y apariencia física. Yo, soy una obesa en recuperación, también fui muy discriminada desde chiquita por mi apariencia física. No sé cómo será ella fuera de la televisión ni cómo se habrá llevado con este tema tan doloroso a veces, que genera mucha impotencia otras.

A mí me costó mucho trabajo que no me afecte el tema de ser discriminada por mi obesidad. Acepté mi cuerpo como es y dejó de importarme lo que dijeran los demás recién cuando pasé los veinte años. Pero algunas marcas quedan, yo, una mujer de veintiocho años, me acepto. Sin embargo, la Taína de ocho, diez o quince años, que no entendía, no se aceptaba y no se sentía incluida a veces vuelve a llamar mi atención. Y pienso en la cantidad enorme de chiquitos que sufren hoy en día todo tipo de discriminación.

Por eso, hay algo que quiero compartir textual de esta entrevista. Dice así: “Me encanta que mis hijos se críen en esta familia. No solamente que me pregunten. Que se críen en una familia con semejante libertad y que sepan desde las raíces que la gente es lo que es por su corazón, por su esencia, y no por con quien se acueste o por lo que vistan o por lo que se pongan, entendés? De verdad yo me siento bendecida con ellos.”

  Ese es el mensaje que quiero dejar, como Flor. Eso es lo que quiero si algún día tengo hijos, que crezcan mirando el corazón de las personas, no el disfraz que le tocó en suerte a cada uno. Los prejuicios y la discriminación hacen sufrir a las víctimas, pero saben qué es lo peor, los que lo hacemos nos perdemos la posibilidad de conocer gente realmente maravillosa.

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De Barro, José Javier Aleixandre.

Dios con pellas de barro formó al hombre.
Si soy hombre soy barro. Barro con sangre dentro.
Un barro que derecho se sostiene
con el andamio de oro que es mi alma.
¿Qué me importa ser barro y que me quiebre
si hay tanta tierra buena para reconstruirme,
y hay un agua tan pura para lavar la herida
de mi carne de barro ya tantas veces rota?
Miro la amante tierra con mis ojos
más hondos del amor.
La tierra que de rojo tiñe la atardecida.
La tierra donde están las raíces del parto.
La tierra donde vuelve la muerte a renacer
alimentando nuevas esperanzas.
La tierra que sostuvo mi principio
para ser algún día ceniza de final.
¿Y el agua? Cuando corre por el estrecho cauce
de un río de montaña que mi descanso arrulla;
cuando se extiende como un manto
de plata azul y verde sobre el mar;
cuando suena en el roce de la acequia domada;
cuando cae con la lluvia regalada del cielo
mis calenturas aplacando,
es el fluir fundamental que inunda
mi corazón sediento con su corriente viva.
Tierra y agua hermanadas en mi larga andadura
me han demostrado el privilegio
de haber sido formado por la mano de Dios,
ya que del agua y de la tierra juntas
nace el barro que es hombre.

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La Copa de Helado.

  “En la época en que el precio de una copa de helado de nuez y almíbar costaba poco, un chico de diez años entró a la cafetería de un hotel y se sentó ante una mesa.

  Una mesera se acercó a la mesa para levantar el pedido del nene.

  —¿Qué cuesta un helado de nuez y almíbar?—preguntó el chico.

  —Cincuenta centavos—respondió la camarera.

  El muchacho sacó las manos de su bolsillo y contó la cantidad de dinero en monedas que traía.

  —¿Qué cuesta una copa sencilla de helado?—volvió a preguntar.

  Algunos clientes esperaban por una mesa, entonces la camarera empezó a impacientarse. Entonces, de mala manera, le dijo al chico:

—Treinta centavos.

  De nuevo el nene contó las monedas.

  —Tomaré la copa sencilla—dijo.

La camarera llevó la copa de helado, colocó la cuenta sobre la mesa y se retiró. El chico terminó el helado, pagó al cajero y se salió. Cuando la camarera regresó, levantó el plato y grande fue su sorpresa ante lo que vio.

Ahí, dispuestos correctamente a un lado de la copa, se encontraban tres monedas de cinco centavos y cinco de un centavo.

  Era su propina.”

En este pequeñísimo cuento se juntan la belleza de los niños y los prejuicios de los adultos. Qué lindo sería que conservemos un poco de la inocencia, la calidez y la nobleza de corazón que tienen los chicos. El mundo sería un poco menos estresante, iríamos menos enojados a nuestros trabajos, nos fijaríamos un poco más en el otro.

Anoche, iba caminando con una amiga y un señor, en su camioneta de marca muy conocida, enorme, hermosa, blanca, frenó y les preguntó a cuatro nenes que rondarían los diez años, si querían que los lleve. Los chiquitos estaban esperando el colectivo y le dijeron que vivían lejos. El hombre les preguntó si sabían por donde para indicarle el camino, los nenes le dijeron que sí y empezaron a explicarle.

Automáticamente el hombre abrió las puertas de su camioneta, los nenes subieron y arrancó.

Yo pensé y le dije a mi amiga, “qué ternura, ojalá quedaran más personas así”; mi amiga, sorprendida me miró y me dijo:”a mi me dio miedo, mirá si el tipo ese les hace algo”.

Las dos caras de una moneda. ¿Yo soy muy crédula? ¿Mi amiga ve nubes negras por todos lados? Tal vez un poco y un poco. Lo que sí es cierto, es que el mundo en el que vivimos no está bien. Es de otro mundo ver a una persona  realizando una buena acción, y si la realiza, es sospechoso. ¿A qué hemos llegado? ¿No debería eso ser algo normal?

Creo que somos los adultos los que tenemos mucho por aprender y de los niños, no de nuestros pares.

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Ni con el Pétalo de una Rosa.

“Lara, única hija mujer, en una familia con cinco hijos, creció viendo cómo los hombres mandaban en el mundo. Su papá, siempre protector de sus hijos, se crió en la época en que las mujeres tenían que quedarse en casa a cuidar a los chicos y los hombres salir a trabajar. Y eso era lo que quería para su familia. Nora, la mamá, creció en la misma época que su marido y estuvo de acuerdo con su marido en la forma en que llevarían adelante su hogar.

En la casa de la familia Guzmán, se podía estar contento o enojado, pero no tristes, porque eso era cosa de débiles y un Guzmán, jamás iba a andar llorando por los rincones. Esto a Lara la confundía, porque a pesar de haberse criado en esa familia y de que le gustaban los autos y el fútbol, su papá era cariñoso con sus cinco hijos tanto como su mamá. Cuando estaba triste, se enojaba porque esa era la forma que conocía de reaccionar frente a las situaciones adversas.

Cuando terminó el colegio, quiso estudiar psicología. Después de muchas discusiones con los hombres de su familia, que no querían saber nada con que estudie esa carrera ni que vaya a vivir sola a un lugar tan lejano, partió hacia la gran ciudad para cumplir su sueño.

Allí conoció gente nueva, historias de vida muy diferentes a las que ella había vivido y la psicología de las personas, algo tan fascinante y sorprendente a la vez.

Se dio cuenta de que había muchas situaciones que en su pueblo se consideraban “normales”, pero en realidad no lo eran. Comprendió que si un hombre se daba vuelta a mirarle la cola ella no tenía la culpa por haberse puesto un pantalón ajustado. Si le gritaban cosas obscenas no era porque ella había provocado esos gritos. Pudo entender, que si alguien maltrataba verbalmente a su pareja, no era culpable el maltratado por haber hecho algo mal.En su pueblo solo se condenaba a quien golpeaba o violaba a otra persona.

Uno de los primeros viajes que hizo Lara a su pueblo, desde la Universidad, vivió una situación muy incómoda. Fue a visitar a su hermano mayor y se quedó a cenar. A Marcela, su cuñada, se le cayó una fuente de ensalada al piso. Francisco, desde su silla, donde estaba muy cómodo esperando que le sirvan la comida, junto a sus dos hijos varones, le dijo:

—Marcela sos imbécil? Mirá lo que hiciste!!! Rompiste la fuente y desperdiciaste una ensalada!! Limpiá rápido que encima se va a enfriar la carne. Hay que ser boluda, che!

—Francisco ubicate. Cómo vas a tratar así a Marcela? Qué clase de ejemplo es ese para tus hijos?—le dijo Lara a su hermano y fue a ayudar a su cuñada.

—Pará, pará, pará nena. Qué te creíste? Qué porque te fuiste a estudiar a la ciudad sos más que nosotros? Bajá el tonito que seguís siendo la misma pueblerina de siempre.

—Yo no me creo nada, me parece terrible que trates así a una persona, peor que le muestres ese comportamiento espantoso a tus hijos. Además, estamos hablando de una persona a la que querés, no me quiero imaginar como tratás al resto del mundo.

—Yo trabajo todo el día para que ella y los chicos coman, tengo todo el derecho a tratarlos como quiero.”

Esta situación es una historia real novelizada. La vivió una amiga hace un par de años. Y como el 25 de noviembre fue el Día Internacional contra la Violencia de Género, me pareció importante hacer una mención especial a esta fecha tan importante.

Además, quiero exponer algunas situaciones que a menudo se presentan en mi vida cotidiana y a las cuales no se les da tanta importancia como, me parece a mí, debería.

Primero, que violencia de género se refiere tanto de hombre a mujer como de mujer a hombre. Nos enfocamos mucho en la violencia a la mujer porque es real que es más frecuente, pero créanme, conozco varios casos de hombres golpeados por sus mujeres, hombres maltratados psicológicamente no solo por sus esposas, por cualquier mujer con la que conviven, hombres acosados sexualmente por mujeres que tienen poder sobre ellos, principalmente en los lugares de trabajo.

Por otro lado, estoy muy habituada a escuchar algo que me enfurece:“pero ella se deja maltratar”;”ah, pero Juan es un boludo para dejarse maltratar de ese modo”,etc.. No rotundo. Si una persona es maltratada, es víctima, de ningún modo culpable. Estoy de acuerdo en que hay personas que tienen un carácter más dócil o frágil y que eso los lleve a no defenderse, no obstante, eso no lo convierte en culpable, convierte al maltratador en un cobarde, que se la agarra con quien no sabe, no puede, o por equis motivo no se defiende.

Por último, jactarse de que “yo no maltrato a nadie” y después reírse y festejar los abusos de Pedro hacia Juan, te hace tan maltratador como Pedro.

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  Nota: El título del post Ni con el Pétalo de una Rosa, es el lema de una campaña en contra del maltrato a las mujeres liderada por la actriz Alejandra Borrero. El día 25 de noviembre, varios famosos colombianos se unieron a la actriz pintándose los labios de rojo como compromiso de no violencia hacia mujeres y niñas.