El Alpinista.

Un Joven alpinista iba acompañado por dos fuertes y experimentados guías, en su primer intento por escalar los Alpes Suizos, y se sentía seguro de tener un guía en la delantera y otro detrás de él.

  Escalaron varias horas. Sin aliento y exhaustos, lograron por fin llegar a las rocas que entre la nieve sobresalían justo antes de llegar a la cima. Al faltar solo unos metros para llegar a la cima, el guía que iba al frente se echó a un lado para que el joven alpinista pudiera ver el paisaje por primera vez, una maravillosa vista panorámica de picos cubiertos de nieve y un brillante y despejado día en el cual no se veía una sola nube.

  Aferrándose a las rocas mientras escalaba, el joven dio un último salto hasta la cima.

  El guía rápidamente lo asió y tiró de él hasta bajarlo. El joven no sabía que a menudo fuertes vientos soplaban sobre las rocas de la cima, cuya velocidad podía hacerlo caer.

  Al instante, el guía le informó de tal peligro diciéndole: ¡Tiene que arrodillarse señor! ¡Nunca estará mas seguro acá arriba que de rodillas!

  Este joven descubrió que aunque pensó estar bien preparado para escalar, aún había mucho más por aprender. La vida está saturada de errores y el peligro mayor radica en no aprender de ellos.

Esta pequeña historia me deja dos enseñanzas, la primera, como bien dice al final, que debemos aprender de nuestros errores. Y la otra, que resonó en mi mente apenas leí, “nunca estará más seguro aquí arriba que de rodillas”, y es en la que me quiero explayar, es que no nos olvidemos de ponernos de rodillas cuando sea necesario.

Pasa muchas veces que deseamos mucho llegar a la cima en lo que sea, nuestro trabajo, la facultad, con algún objetivo que nos hemos propuesto. Luchamos, nos esforzamos, trabajamos un montón, y cuando al fin llegamos, creemos que está todo echo. Lo único que se ve de nosotros es una frente bien alta y el pecho saliendo. Qué equivocación más grande. Llegar no quiere decir que somos los amos de aquellos que hemos obtenido. Llegar quiere decir, que cumplimos el primer objetivo, pero tendremos que arrodillarnos en el transcurso de ese nuevo camino para aprender, para hacer frente a los errores que podemos llegar a cometer, para escuchar a nuestros superiores o a nuestros pares o incluso a quienes están en escalones más abajo cuando tengan algo que indicarnos, enseñarnos o corregirnos.

Vivimos en un mundo acostumbrado a comparar arrodillarse con humillarse. Eso nos convierte en seres soberbios, egoístas y competitivos. Arrodillarse no es sinónimo de humillarse, pero, si así lo fuera, quiénes somos nosotros, pequeños seres que forman parte del universo, para estar exentos de la humillación alguna vez?

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