El buen camino.

Lorenzo fue a acostar a su hijita. Estaba muy nervioso. Era la primera vez en los tres años que habían pasado desde la muerte de Gloria, que llevaba una mujer a su casa.

Hacía tanto tiempo que no empezaba algo con alguien, que no sabía muy bien cómo manejarse. Quería hacer las cosas bien porque Luana le gustaba mucho, pero a la vez se preocupaba por exponer a Mía, y seguía pensando en Gloria.

Lorenzo había caído en una profunda tristeza  cuando falleció Gloria. Pero tras un largo período, gracias a su familia y por Mía, salió adelante. Sin embargo, no podía dejar de pensar en si estaba bien lo que estaba haciendo. Si debía exponer a Mía a todo eso que él estaba sintiendo.

Volvió al comedor, Luana no estaba pero escuchó ruidos en la cocina. La vio lavando los platos, entonces le dijo:

—No tenías que lavar.

—Por supuesto que sí—le dijo ella terminando de secar un plato—, vos cocinaste, yo lavo. Esas son las reglas.

—Ahh, con que esas son las reglas?—dijo él un poco animado—. Me gustan.

Luana terminó con los platos, esperando que él hablara. Y Lorenzo habló:

—Perdonáme por no haberte dicho nada de la existencia de Mía… no sabía… no sé cómo manejar bien la situación. Hace mucho tiempo que no empiezo algo con nadie. No quería decirte porque me daba miedo tu rechazo al saber que tengo una hija, y tampoco quería que te gustara la idea y quieras conocerla, sin que yo te conociera un poco mejor. Mía es lo más importante que tengo en la vida, haría cualquier cosa para que no sufra.

Luana se quedó muda con semejante confesión, pero lo único que salió de su boca, fue una pregunta:

— ¿Y la mamá?

—Falleció cuando Mía tenía 2 años. Un accidente.

—Uff…—Luana se agarró la cabeza—perdonáme. No quise…

—No pasa nada, no lo sabías—le dijo acercándose.

Luana le acarició la mejilla izquierda. Era tan dulce, tan tierno, y ahora entendía los ojitos tristes. Criar a una hijita solo, con el dolor de haber perdido a la persona que amaba de un momento a otro. No necesitaba más explicaciones, Mía era lo más importante.

Se acercó un poco más y lo besó. Había pensado en ese beso todo el día, no se imaginó que se iba a prolongar tanto la espera, pero al fin había llegado. Lorenzo, al principio tímido, recibió los labios ansiosos de Luana y los dejó actuar. La atrajo hacia él un poco más, mientras el beso se hacía más intenso y apasionado cada vez.

Entonces ella lo frenó, así de repente. Lorenzo no entendía qué pasaba.

—Es hora de que me vaya a casa Lolo—le dijo ella, agitada.

—Pero… estábamos pasándolo bien… no entiendo…

—Pará, está todo bien, de verdad. Pero recién acostaste a Mía y las cosas se están poniendo un poco… hot—le dijo un tanto incómoda—. No estaría bueno que se despierte y nos vea así.

—No quiero que te vayas todavía—le pidió él, y la volvió a besar.

—Yo tampoco quiero irme, pero así no podemos—le dijo con sus labios sobre los de Lolo.

—Quedáte y miremos una peli—pidió él ilusionado. —Lo que sí, en esta casa solo hay pelis de princesas y ya me las vi a todas treinta veces.

—Bueno, hagamos zapping entonces—le dijo ella riendo.

Una vez en el living, Lolo buscó los canales de películas. En el primero había una pareja besándose apasionadamente, en otro una pareja haciendo el amor, en otro una mujer desnudándose.

—No puedo ver esto—dijo él cambiando de canal—me da mucho… calor—ambos rieron.

—No, es muy masoquista… si vemos deportes?

—A ver… te gusta el tenis? Federer-Nadal, de alguna época que no es esta…

—Me gusta el tenis, veamos el partido.

Se acomodaron en el sofá. Abrazados. Sintiendo uno la respiración del otro. Sintiendo sus perfumes. Con el corazón latiendo a mil revoluciones por minuto, con la respiración entrecortada. Disimulando que veían el partido cuando en realidad querían besarse, acariciarse, sentirse piel con piel…

— ¿Qué están viendo?—preguntó Mía de repente.

— ¿Qué hacés levantada Mía?—preguntó Lolo aliviado de que los haya encontrado así.

—Tengo que darle algo a Luana—dijo pasando al lado de su papá y parándose frente a Luana—. Te acordás que yo estaba dibujando después de comer? Era un dibujo para vos—le dijo y se lo mostró.

—Pero qué hermoso Mía—dijo Luana muy contenta—muchas gracias! A ver, contáme quiénes son?

—Este de pelo corto es papá, esta de rulos sos vos, la chiquita soy yo y este es Teo mi perrito. Estamos en el parque jugando.

A Luana se le llenaron los ojos de lágrimas, pero para que la nena no se dé cuenta le pidió:

— ¿Me das un abrazo?

—Sí—le respondió Mía sonriendo y acercándose a Luana.

Siendo un observador de ese cuadro tan tierno, Lolo se emocionó, se relajó y supo que iba por el buen camino.

439px-Lebr03

Advertisements

2 thoughts on “El buen camino.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s