Amor Infinito, (parte I)

Ella se envolvió con la gran sábana blanca y se levantó. El sol iluminaba la habitación a través de la ventana abierta. Se acercó y apoyada en el marco contempló el viñedo que se desplegaba en el campo inmediato a aquella casa. Sintió el aire puro. Vio los trabajadores a lo lejos. Siguió recorriendo el viñedo con la mirada hasta que de pronto sonó el teléfono que estaba en el tocador.

Te ves tan hermosa al levantarte. Quiero estar ahí con vos pero tengo que trabajar. Nos vemos en el almuerzo. Te amo!”

  Volvió rápidamente a la ventana, miró y vio a lo lejos una mano que la saludaba. Ramiro, su reciente esposo, la había visto y le mandó un mensaje de texto. Ella sonrió y levantó la mano, le envió un beso y luego lo saludó. Inmediatamente después, cerró la ventana y se fue a dar un baño.

Un rato después, bajó a desayunar. Fue a la cocina a prepararse un café, pero en cuanto la vieron entrar, la cocinera dijo:

— ¡Niña! ¿Qué hace usted aquí? Ya sabe que solo nos tiene que llamar y una de las muchachas le sirve lo que necesite.

—No hay problema Anastasia—respondió Eva con una sonrisa—el desayuno me lo puedo preparar yo sola. Ahora el almuerzo ya no me atrevo, me va a tener que enseñar algunas cosas.

Todas rieron. Pero a pesar de la insistencia de Eva, no permitieron que ella se sirva el desayuno. Sin embargo, como ella tenía un poder de convencimiento enorme y con su sonrisa compraba a cualquiera, dejaron que desayune en la cocina mientras charlaba con ellas.

 

Eva y Ramiro se habían casado hacían solo dos meses. Después de dos meses de noviazgo, habían decidido que querían pasar el resto de su vida juntos.

En realidad, Eva, mujer de ciudad, independiente, al principio tuvo ciertos reparos. Tenía que dejar todo. Su trabajo. Sus amigos. Su familia. Su casa. Su ciudad. Toda su vida, porque Ramiro vivía del trabajo en el campo, no podía mudarse él a la ciudad. Si querían vivir juntos, la hacienda era el lugar.

Por otra parte, solo fueron novios durante dos meses y se habían conocido dos días antes de empezar su relación.

Pero lo amaba. Cada vez que lo veía le explotaba el corazón de felicidad; cuando estaban juntos eran una sola persona, reían, charlaban, compartían actividades al aire libre, se amaban, cocinaban juntos, compartían todo; y cada vez que Ramiro tenía que volver al campo, las despedidas la dejaban con un gran vacío, lo extrañaba muchísimo, pensaba en él en todo momento y hablaban por teléfono o por skype en cada rato libre que tenían.

Un domingo, Ramiro la llevó a conocer el lugar donde vivirían. Un campo inmenso. Viñedos, una casa grande y acogedora, un establo con hermosos caballos, la planta donde se realizaba todo el proceso de los vinos, algo que ella nunca había visto y quedó fascinada. Un sector con casa más pequeñas donde vivían los trabajadores con sus familias.

Recorrieron todo el lugar, un poco a pie y otro a caballo. Eva se dio cuenta de la belleza de aquel lugar y entendió por qué, además del trabajo, no podía sacar a Ramiro de la hacienda. Allí había vida, un montón de niñitos corriendo por todos lados, familias viviendo unidas, animales, tanta vegetación, ese era un lugar tocado por la mano de Dios.

A su vez tenía miedo, amaba a Ramiro, pero ese lugar era inmenso y ella no pertenecía. Estaba lleno de gente, no obstante ella era una intrusa. Además, llegaría directo a ocupar el lugar de señora de la casa, y aunque tuviera buenas intenciones, eso muchas veces caía mal.

Ese domingo, más temprano, Ramiro le había hecho la propuesta formalmente. Había bromeado con el tema antes, por lo tanto la sorprendió mucho, porque ella pensaba que los chistes al respecto eran solo eso. Sin embargo, ahí estaba, un lugar precioso, el hombre que amaba, y el pedido que toda mujer espera alguna vez. No solo eso, Ramiro era tan comprensivo, que le dijo que no esperaba que le diera una respuesta en ese momento, él sabía todos los cambios que ella tendría que hacer en su vida y que era muy pronto, pero él la amaba y quería pasar el resto de sus días con ella.

Eva estaba feliz y asustada. Miraba la nueva vida que tenía la posibilidad de empezar a vivir y veía un hombre maravilloso, al que amaba con toda su alma, y él le había dicho que la amaba, que quería protegerla y tener una familia, y que quería despertar a su lado hasta el último de sus días. No siempre, no todos encuentran el amor. Y ella lo tenía ahí, rodeándola, llenándole el alma…

Y parecía que no era suficiente.

 

Imagen

Continuará…

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