El más grande sigue siendo River Plate…

Entré a Facebook y tenía una notificación: “Lucía Martínez te ha etiquetado en una foto.”

No voy a mostrar la foto, sí describirla. Decía: ” Te hiciste CAQUITA hoy”, y mostraba de atrás a Leonardo Ponzio cuando en el partido contra Boca Unidos en junio del año 2012, sufrió ruptura de hemorroides y siguió jugando a pesar de eso. Con el pantalón blanco y la sangre cayendo, lo que hizo fue cambiarse un par de veces el pantalón y nada más. Seguir jugando.

Lucía Martínez es del equipo Boca Juniors. La conozco desde que nací practicamente y nunca supe eso. Desde que está de novia con Javier, imagino, se hizo hincha y ahora no solo es la comentarista oficial del club vía Facebook, sino también la que mejor insulta al resto de los equipos, especialmente a River Plate, contrincante número 1 de Boca Juniors.

Yo, soy hincha fanática, muy fanática de River Plate. Desde que tengo uso de razón. River para mí, es más que el resultado del partido del domingo. Es compartir, es familia, es tomar de la mano a mi papá mientras sufríamos, es comerme las uñas junto a mi mamá esperando el tan ansiado gol, es vida, es felicidad, es color, es que se me salte el corazón fuera del pecho de solo imaginarme el Monumental lleno de banderas y camisetas con la banda roja.

Si alguno de ustedes es fanático de algún equipo de fútbol, podrá imaginar lo que sentí en cuanto vi esa foto. Hacía alusión al empate que se dio entre River y Boca en el último Super Clásico. Me poseo de una forma que no puedo explicar, pero no atento contra nadie.  La ira me recorre el cuerpo de una forma tan potente, que siento palpitaciones, tengo taquicardia, aprieto los puños y los dientes muy fuerte, las mejillas se me ponen rojas y calientes, cierro los ojos y cuando no doy más, empiezo a saltar. Salto muy alto unas cuantas veces y muy lentamente empiezo a volver a la normalidad.

No contesto las agresiones en Facebook, ni en Twitter, ni en Google +, y mucho menos cara a cara. No sé que puede llegar a pasar. La gente que me conoce sabe hasta donde puede cargarme. La que no me conoce, generalmente es más tranquila, pero siempre se puede dar un revés muy sutil y se acaba todo. No hay confianza para más.

En cambio, está la gente que me conoce y hace caso omiso de eso, o en el mejor de los casos, no conocen ese aspecto y cuánto me afecta. Esas son las más difíciles de manejar para mí, porque me hieren de una forma que ni se imaginan, espero. Pero como me conozco, y sé que soy terrible bestia cuando me tocan al River de mi vida, no me quiero prender en esas peleas.

Más allá de todo esto, no soy una ilusa que pretende que en el fútbol no haya cargadas. Para nada. Las cargadas son también parte del juego, siempre y cuando sean sanas. Una cargada amistosa y divertida tiene hasta rico gusto, porque le da a uno la posibilidad de decir: “Soy de River y lo defiendo a morir”.

A raíz de esa foto, me puse a pensar en lo que podemos ocasionar con una cargada sin sentido. Yo me puse furiosa y todo quedó ahí. Pero tanta pasión futbolera en los argentinos, lleva al daño, la ofensa y se genera la tan temida violencia.

Pero no es este el fin del post. Este texto es en realidad para descargarme, defenderme y responder en Lucía a todos los que me están saludando últimamente en Facebook: “Yo me ocupo de mi equipo. Me fijo en los demás sólo para saber como está situado River en la tabla de posiciones. Los que están al final de la tabla, no me interesan. Sólo puedo decir que entiendo desde el fondo de mi corazón a quienes estén por descender. Al resto, si tanto tienen que ocuparse de registrar todas las malas rachas de los otros equipos para poder cargarlo, insultarlo y burlarse, es porque el tuyo no te da nada. Ni alegrías para disfrutar, ni tristezas para llorar, ni bronca para putear. Que tengas que estar siempre pendiente de River, mi querido hincha de Boca, es porque tu equipo no te genera nada.”

Es cuando me doy cuenta de esto, que se me pasa la bronca. Yo por mi amado River he puteado, he llorado de tristeza y de alegría, y por sobre todo, abrazo fuertemente a mis hermanos cada domingo, cuando juntos cantamos un gol.

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