Una tarde de invierno.

Cuenta la historia que una tarde de invierno se encontraron tres amigas en el mismo lugar de siempre. La vereda frente a la casa de una de ellas. Estas chicas eran amigas desde antes de aprender a caminar. Y justo esa tarde, tenían 25 años, con algunos meses de diferencia. Fueron juntas al mismo jardín maternal y más tarde al jardín de infantes, primario y secundario. Eran diferentes, pero complementarias. Jazmín rubia, Mora pelirroja y Daniela morocha.

Cuando llegó el momento de la Universidad, Jazmín y Mora optaron por psicología; Daniela por nutrición. De cualquier manera, la amistad continuó intacta aún en los momentos de horarios más encontrados y de muchos exámenes.

Siempre, desde que tuvieron el registro de conducir, alguno de los tres padres les prestaba el auto y ellas buscaban alguna plaza que no conocían para tirarse en el pasto a matear y contarse todo lo que les había ocurrido.

Esa tarde, el destino era otro. La Facultad de Psicología. Jazmín y Mora querían hablar con su directora de tesis y llevaron con ellas a Daniela, para que buscara una plaza mientras ellas hacían el trámite.

De camino, se encontraron a Cristian, un compañero y amigo de Jaz y Mora, y lo invitaron  a la mateada post- facultad.

Cuando llegaron al campus, Jazmín estacionó el Chevrolet Meriva de su papá, y junto a Mora fueron a hablar con la profesora. Daniela y Cristian se quedaron en el auto. Al principio hubo un silencio incómodo porque ellos, si bien se habían visto varias veces en los cumpleaños de las chicas o en alguna otra fiesta en la casa de Jazmín o Mora, nunca hablaron. Como Daniela era muy tímida, necesitaba urgente hablar de algo trivial con aquel chico, porque el silencio la ponía más nerviosa que charlar sobre el clima. De repente se le ocurrió que para romper el hielo, podía preguntarle cosas acerca de su vida, aunque ya las supiera. Entonces arrancó:

-¿ De dónde sos?

Cristian le sonrió sutilmente. Con sus ojos celestes casi transparentes le contestó con otra pregunta: “¿ No estás hablando en serio, no? ” ; pero cuando habló dijo:

-Creo que no es momento de hablar- y suavemente le acarició la mejilla.

Daniela se paralizó y miles de cosas pasaron por su cabeza. Miraba a ese chico rubio, que solo conocía de vista y sabía de él por lo que contaba Jazmín. No sabía qué le pasaba a Cristian por la cabeza, pero jamás pensó que esa sería su respuesta. ¿ O acaso ella estaba alucinando? Además, ella nunca se había fijado en él. No le gustaba. Pero lo que era más importante, era que él era el chico que le gustaba a Jazmín, su amiga de toda la vida. Lo que Cristian estaba insinuando que estaba por pasar, o lo que ella se estaba imaginando, eso ya no importaba, no podía suceder de ninguna manera. Por lo tanto, en ese mismo momento, con la garganta seca, le dijo:

– Me parece que te estás confundiendo.

Cristian hizo como que no la escuchó y se acercó aún más. Lentamente apoyó sus labios sobre los de ella. Daniela intentó soltarse, pero él presionó su boca contra la de ella y entreabrió los labios. La respuesta que obtuvo, fue un leve movimiento en los labios de Dani, pero la notaba muy tensa, enotnces, todavía con sus labios sobre los de ella, le susurró:

– Relajate Dani, me gustas mucho, confiá en mí.

Empezó a besarla con suavidad y como de a poco ella iba respondiendo al beso, metió su lengua en la boca de la chica que deseaba desde hacía unos meses. Ella hizo lo mismo y se estremeció al sentir el ardor y la intensidad de ese beso. Dejó de pensar en todo lo malo, solo se dedicó a sentir los labios de Cristian, su lengua, su aliento a menta…

De repente volvió en sí, abrió los ojos y vio que se acercaban las chicas. Se separó bruscamente de Cristian. Sabía que desde esa tarde, había roto una amistad de 25 años.

En el instante en que vio a Jazmín subirse al auto con una sonrisa, sintió una punzada de dolor por la angustia que sabía que causaría su deslealtad en su amiga.

El corazón le latía muy fuerte. Sentía que le ardían las mejillas. Estaba nerviosa. Estaba angustiada. Por la traición hacia su amiga. Por lo que había sentido. Por lo que le había dicho Cristian. Y porque ese, había sido su primer beso.

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